Taiwán se blinda con inversiones en EEUU


***Modelo cubano desperdicia la «oportunidad del siglo»

El acuerdo comercial entre Estados Unidos y Taiwán suscrito el viernes, que garantiza aranceles preferenciales a cambio de una inversión masiva en tecnología, envía una señal inequívoca a América Latina: la Casa Blanca prioriza a los socios que aportan capital estratégico y alineación política total.

Este nuevo estándar, que exige inversiones de alto nivel para evitar barreras arancelarias, obliga a las naciones del hemisferio a reevaluar su competitividad ante un Washington que premia la seguridad nacional sobre la proximidad geográfica.

Desafío y oportunidad perdida de Cuba

Mientras Taiwán asegura su prosperidad con pragmatismo diplomático y potencia tecnológica, el acuerdo expone las costuras de la economía política en el Caribe. Analistas comerciales coinciden en que Cuba representa el caso más dramático de «costo de oportunidad» en este nuevo esquema global.

Por su ubicación geográfica, a solo 90 millas de la costa estadounidense, una Cuba regida por una economía de mercado y un sistema democrático funcionaría como el centro logístico natural para las nuevas cadenas de suministro que Estados Unidos intenta repatriar.

Sin el embargo y sin el modelo comunista que rige en La Habana, la isla podría replicar o complementar el rol de Taiwán, no necesariamente en semiconductores de vanguardia, sino como un hub de ensamblaje, logística y manufactura ligera con acceso preferencial al mercado más grande del mundo.

«El acuerdo de Taiwán demuestra que Estados Unidos abre la billetera y baja las barreras ante socios confiables. Cuba, con su ubicación envidiable, podría estar recibiendo una fracción de esos miles de millones en inversión extranjera directa si su gobierno no fuera considerado un adversario sistémico», explica un consultor de comercio internacional en Washington.

Mientras la isla asiática blinda su futuro con silicio y democracia, la isla caribeña permanece al margen de la mayor reorganización industrial del siglo debido a su anquilosamiento político.

Victoria estratégica en el Pacífico

Lejos de las hipótesis caribeñas, la realidad en el Pacífico confirma el éxito de Taipéi. El primer ministro taiwanés, Cho Jung-tai, celebró el pacto alcanzado con la administración del presidente Donald Trump como un blindaje ante la incertidumbre.

El acuerdo fija un arancel preferencial del 15% para las exportaciones de la isla, una contrapartida directa por la inyección de capital de 250.000 millones de dólares comprometida para la industria tecnológica estadounidense.

La medida, calificada como un triunfo estratégico por Taipéi, busca mitigar las políticas proteccionistas de la Casa Blanca y consolidar la alianza de seguridad mediante la reubicación de cadenas de suministro críticas hacia suelo norteamericano.

Alivio en guerra comercial

El pacto representa un respiro vital para la economía taiwanesa, orientada fundamentalmente a la exportación. En una primera instancia, la Casa Blanca amenazó con imponer un arancel punitivo del 32% sobre los productos de la isla, cifra que los negociadores lograron ajustar al 20% antes de cerrar el trato actual del 15%.

Con este movimiento, Taiwán se equipara a socios como la Unión Europea, Japón y Corea del Sur. Estas potencias también lograron negociar tasas del 15% tras la propuesta inicial de Trump de aplicar aranceles generales a naciones con superávit comercial frente a Estados Unidos.

“Por el momento, obtuvimos el mejor trato arancelario logrado por los países con superávit comercial con Estados Unidos”, afirmó Cho Jung-tai. El premier destacó que la ausencia de tarifas adicionales sobre el 15% base confirma que Washington percibe a Taiwán no solo como un competidor económico, sino como un «socio estratégico indispensable».

Este acuerdo abarca sectores clave más allá de la tecnología. Según Cho, la industria automotriz y la de muebles de madera también verán beneficios con la tasa reducida, mientras que ciertos componentes de la industria aeroespacial ingresarán al mercado estadounidense libres de impuestos.


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