La democracia renace en Honduras


Editorial La Prensa de Nicaragua.– Este martes 27 de enero, el nuevo presidente de la República de Honduras, Nasry “Tito” Asfura, tomó posesión del cargo para el que fue elegido el 30 de noviembre del año pasado y gobernará hasta enero de 2030.

Asfura, quien fue el candidato del Partido Nacional (conservador) de Honduras, juró el cargo presidencial en una sencilla ceremonia realizada en la sede del Congreso Nacional, sin invitados extranjeros de alto rango que causan un gasto enorme para el país anfitrión. Mejor dicho, para el pueblo, para la gente que trabaja y paga los impuestos que gastan los dirigentes del Estado y el Gobierno.

Otra buena señal de la austeridad en el gasto gubernamental que Asfura prometió durante su campaña electoral, fue el anuncio de que pondrá en venta el avión presidencial, un Embraer Legacy 600-145 valorado en 12 millones de dólares que fue regalado por el gobierno de Taiwán en 2014, cuando era presidente el controvertido personaje político también conservador, Juan Orlando Hernández. Cabe recordar que el gobierno de la izquierdista Xiomara Castro de Zelaya rompió todas las relaciones con la democrática Taiwán y las estableció en cambio con la autocrática China comunista.

La derecha democrática de Honduras regresa al ejercicio del poder después de cuatro años de régimen izquierdista, que afortunadamente no llegó a degenerar en dictadura, pero se arrimó a los países más autoritarios del mundo y fue aliado de las feroces dictaduras de Nicaragua, Venezuela y Cuba. De manera que la vuelta a la democracia en Honduras tiene que valorarse como un aliento a la esperanza de que toda Centroamérica volverá a ser democrática.

Los desafíos que Asfura tiene por delante son enormes y complejos, particularmente la enquistada corrupción pública y el crimen organizado, que no será fácil enfrentarlos y derrotarlos. Pero tampoco imposible, si el nuevo presidente se lo propone y logra el necesario respaldo institucional y social.

El sistema político e institucional de Honduras es calificado como una democracia defectuosa. Lo cual significa que es perfectible y si Asfura y el Partido Nacional cumplen lo que prometieron para ganar las pasadas elecciones, Honduras podría perfeccionar su democracia y llegar a ser un ejemplo en Centroamérica.

Por otra parte, el nuevo presidente hondureño declaró cuando ganó las elecciones que tendrá buenas relaciones con Nicaragua, dominada por la impresentable dictadura bicéfala de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Lo dicho por Asfura es entendible, porque a pesar de la notable diferencia ideológica y política que hay entre ellos, los vínculos históricos y culturales, comerciales y económicos en general entre las dos naciones hermanas y países vecinos, son arraigados, fuertes e interdependientes.

Sin embargo, Asfura ganó la elección presidencial y ha llegado al poder político de Honduras apadrinado por el presidente de Estados Unidos (EE. UU.), Donald Trump, y por eso, lo primero que hizo como presidente electo fue ir a visitar al secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio. De manera que cabe suponer que Asfura estará a la orden de lo que la gran potencia hegemónica de las Américas haga, o quiera hacer, con la dictadura sandinista de Nicaragua.

En todo caso, aunque eso no llegara a ocurrir y las relaciones de Honduras con Nicaragua se desarrollaran normalmente durante todo el período de gobierno de Nasry Asfura, este no será aliado político ni apañador de la dictadura de Ortega y Murillo. La que obviamente ha quedado en mayor aislamiento internacional.(Laprensani.com)


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