Bad Bunny encendió el Super Bowl con una explosión de ritmo latino


Bad Bunny encendió el Super Bowl con una explosión de ritmo latino y una puesta en escena que transformó el Levi’s Stadium de Santa Clara en una fiesta boricua ante más de 75,000 espectadores y más de 120 millones de televidentes en todo el mundo.

El artista puertorriqueño abrió su espectáculo con “Tití me preguntó”, mientras el campo se convertía en una plantación de caña con carritos de comida y estética caribeña. Vestido de blanco, con el número 64 y el apellido OCASIO en la espalda, el reguetonero enlazó éxitos como “Yo perreo sola” y “Voy a llevarte pa’ PR”, acompañado por celebridades como Cardi B, Jessica Alba y Pedro Pascal, quienes bailaron dentro de la icónica “casita” de su gira DeBÍ TiRAR MáS FOToS.

La presentación marcó su regreso al escenario del Super Bowl tras su participación como invitado en 2020 junto a Shakira y Jennifer López, y llegó apenas una semana después de ganar el Grammy al Álbum del Año, el primero en español en lograrlo.

Un show celebrado y cuestionado

La elección de Bad Bunny generó debate en Estados Unidos. Algunos críticos cuestionaron que el espectáculo estuviera a cargo de un artista que canta exclusivamente en español en un contexto político marcado por medidas antimigrantes impulsadas por el presidente Donald Trump.
Para millones de latinos, en cambio, su presencia fue un acto de representación y orgullo cultural.

“Él representa amor y unidad, y eso es lo que más necesitamos”, dijo a la AFP Duane Welty Rivera, un fan puertorriqueño presente en el estadio.

La académica Agnes Lugo-Ortiz, de la Universidad de Chicago, destacó que no es la primera vez que un artista extranjero lidera el show y que nunca antes se había considerado “antiestadounidense”.

Un fenómeno global que no se detiene

Bad Bunny, nacido en Vega Baja, Puerto Rico, pasó de empacar compras en un supermercado a convertirse en el artista más escuchado del mundo en Spotify durante cuatro años consecutivos. Su ascenso meteórico lo ha llevado a romper barreras culturales y lingüísticas, manteniéndose fiel a sus raíces.

Su gira internacional —sin fechas en Estados Unidos por temor a redadas migratorias— continúa tras una exitosa residencia de tres meses en Puerto Rico.

Aunque en los Grammy lanzó uno de sus mensajes más políticos contra la policía migratoria, en Santa Clara prometió dejar la polémica a un lado y ofrecer una fiesta latina. Y cumplió.

Trump, quien asistió al Super Bowl el año pasado, criticó la elección del artista y decidió no asistir esta vez, calificando la oferta musical como “terrible”.

Pero en el estadio, la energía fue otra: una celebración masiva de cultura, música y orgullo latino que convirtió el medio tiempo en un momento histórico para el reguetón y para la comunidad hispana en Estados Unidos.


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