Nicaragua, plataforma de propaganda y desinformación con apoyo de Rusia


Más de mil creadores de contenido, periodistas o influencers en América Latina han sido capacitados por Rusia para difundir campañas de desinformación en ocho países de la región, según un informe presentado en Estados Unidos por la Digital News Association (DNA). En Nicaragua, esta labor tendría como principal articulador a Daniel Edmundo Ortega Murillo, designado como coordinador de medios del Consejo de Comunicación y Ciudadanía del régimen dictatorial del país.

Desde ese cargo, coordina medios oficialistas, instituciones, universidades y estructuras partidarias; promueve encuentros, capacitaciones e intercambios con actores internacionales, especialmente de Rusia y China, en áreas como narrativa digital, producción audiovisual e inteligencia artificial, como parte de una estrategia comunicacional orientada a promover y respaldar la narrativa oficial.

Los otros países de América Latina donde Rusia ha incidido son Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Cuba, México y Venezuela. 

Una investigación de Reporteros Sin Fronteras (RSF), titulada Nicaragua: una plataforma latinoamericana para la propaganda rusa, publicada en septiembre de 2025, señala que desde 2022 el país se ha convertido en un centro para la expansión de la narrativa del poder político ruso, (conocido como el Kremlin), a partir de la colaboración entre el gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo y medios estatales rusos como RT en Español y Sputnik.

El informe advierte que esta alianza ha permitido insertar contenido, métodos de producción y capacitación en los medios estatales nicaragüenses, en un contexto donde “la gran mayoría de los medios independientes han sido cerrados, confiscados o forzados al exilio”, lo que facilita la reproducción de narrativas sin contrapeso.

RSF detalla que esta red se ha consolidado mediante acuerdos formales, intercambios y transferencia de recursos. Desde 2022, RT y Sputnik han proporcionado “capacitación, intercambios internacionales, equipo profesional y contenido influenciado por el Kremlin”, mientras que los medios estatales nacionales “reproducen las narrativas de dos regímenes autoritarios”.

Explica que incluso, estos contenidos se posicionan como una supuesta defensa informativa, al promover la idea de “defender la verdad real” frente a las “noticias falsas fabricadas por las corporaciones mediáticas de la OTAN”, reforzando un ecosistema alineado con la narrativa oficial y generando desinformación.

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Estrategia conjunta de Rusia y China en la expansión de narrativa

Por su parte, el reporte de la DNA documenta una estrategia estructurada que se despliega en al menos ocho países, incluido Nicaragua, mediante redes de comunicación alineadas y la creación de al menos 16 sitios web que imitan a medios reconocidos para engañar a las audiencias.

Entre los métodos identificados destacan la manipulación emocional de contenidos, la selección parcial de hechos, la difusión de teorías conspirativas, la construcción de falsas equivalencias y la amplificación de discursos extremos, configurando un ecosistema digital orientado a distorsionar el debate público y erosionar la confianza en la información.

Un experto en comunicación nicaragüense dijo a LA PRENSA que los esfuerzos conjuntos de Rusia con gobiernos o fuerzas políticas, medios y productores de contenidos en América Latina buscan instalar una narrativa alternativa a la de Estados Unidos, que ha planteado que la región forma parte de una “Gran Norteamérica”. Advierte que la gran víctima en ambos casos es la verdad.

“Vivimos en la era en la que la verdad es la que cada cual cree y postula como verdadero. En el caso de Nicaragua, tales esfuerzos arrancaron en 2008, cuando se instaló una estrategia de comunicación incontaminada y centralizada en Rosario Murillo. Desde el inicio, ese gobierno indicó que no confiaría en los medios ni en los periodistas, y se dedicó a deslegitimarlos, neutralizarlos y erradicarlos”, explica.

Dictadura Ortega Murillo necesitaba ganar audiencias

Destaca que entre 2018 y 2020 el régimen de Ortega Murillo se convenció de que la mayoría de la población no creía sus versiones de la realidad, ni sobre las masacres de 2018 ni sobre la pandemia de COVID-19. Por eso “necesitaban ganar audiencias y agrietar la credibilidad de las voces y medios que no controlaban, pero no sabían cómo hacerlo a escala masiva, a pesar de que la directriz del esfuerzo nacía siempre en Rosario Murillo. Fue entonces cuando idearon convenios con los rusos y luego con los chinos”, explica.

Según la fuente, Rusia ha demostrado una alta capacidad en el manejo de estrategias de desinformación, evidenciada en su injerencia en las elecciones de Estados Unidos en 2016. En contraste, señala que China destaca en la construcción de narrativas positivas, en las que el conflicto queda relegado y se prioriza la exposición de los logros del gobierno.

A su vez, expone que la gran ventaja del régimen es que tiene la ley, los recursos, los equipos, los presupuestos y el tiempo a su favor. Con estos convenios, sumados a sus propios recursos para utilizar herramientas de inteligencia artificial y redes de bots, solo falta generar contenidos atractivos que, aunque no sean plenamente asimilados, al menos logren provocar adicción en la audiencia.

El experto lamentó que las voces y medios independientes están en crisis por falta de recursos, de personal, de acceso a fuentes primarias en el terreno y de nuevas tecnologías.

Lo que señala la mayoría de las audiencias

“Le apuestan a que, al decir la verdad, la gente seguirá de su lado. Pero quién sabe. La mayoría de las audiencias viene señalando desde 2021 que en Nicaragua no hay información ni medios independientes, y que el nivel de credibilidad hacia estas voces ha disminuido en comparación con el periodo previo a 2018. No es que crean en la narrativa gubernamental, sino que no están dispuestas a confiar plenamente en nadie”, reflexiona.

Añade que “el panorama que cada persona acepta o entiende como verdad determina las actitudes y decisiones que toma”, lo que termina por moldear la vida cotidiana del país. Sostiene que a través de la desinformación, el régimen en Nicaragua busca ampliar su control social y que este objetivo ya muestra resultados: “dentro del país prácticamente han desaparecido las voces que cuestionan la narrativa oficial impulsada por Rosario Murillo” y además, “se ha debilitado el tejido social que permitiría filtrarla o contrastarla”.

Finalmente explica que para sostener ese control, “se desmantelaron casi seis mil organizaciones civiles de diversa naturaleza”, en particular aquellas vinculadas a la ciencia, la educación, la investigación, los derechos humanos y la protección del medio ambiente.

Detalla que las pocas voces que persisten lo hacen, principalmente, a través de medios de comunicación que hoy operan como estructuras reducidas y en condiciones de crisis, apostando a que mientras continúen publicando contenidos que incomodan al régimen, las audiencias seguirán buscándolos.

Nicaragua centro articulación de control informativo

El impacto de estas dinámicas también es analizado por Guillermo Medrano, miembro de la red Voces del Sur, quien advierte que Nicaragua ha pasado a desempeñar un rol específico dentro de este esquema de desinformación.

“Este reciente informe junto con reportes de organismos internacionales confirman que Nicaragua se ha convertido en un laboratorio regional para tácticas de control de información importadas desde regímenes con amplia experiencia en censura estatal”, señala.

A su vez, Medrano explica que la presencia de comunicadores vinculados a medios estatales rusos y chinos responde a un objetivo concreto y “que no buscan mejorar la calidad periodística, para nada. Su objetivo es entrenar a los cuadros del régimen”, afirma. Este entrenamiento incluye la construcción de narrativas sobre soberanía digital para justificar el control de las redes sociales, la creación de “granjas de troll y bots” y la automatización de la propaganda para silenciar voces críticas mediante el acoso digital y el llamado “linchamiento virtual”.

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A partir de estas prácticas, advierte que se produce una transformación del ejercicio periodístico en propaganda, misma que “desvirtúa completamente la función social del periodismo porque convierte al comunicador en un agente político”. Añade que este modelo elimina la verificación como principio y reduce el ejercicio informativo a la repetición de una sola versión de la realidad.

A criterio de Medrano, como consecuencia se promueve “la idea de homogeneizar el mensaje”, generando “un monólogo informativo” en el que todos los voceros replican un mismo guión, lo que termina anulando el pluralismo político y el de la prensa independiente. Advierte que esto tiene un impacto directo en los derechos humanos, ya que “la libertad de expresión es un derecho clave” que permite defender otros derechos, y su restricción facilita la impunidad al impedir que se documenten y denuncien abusos.

Medrano también advierte que estas dinámicas tienen un alcance que trasciende el país. Señala que Nicaragua está siendo utilizada como “un experimento, un hub o centro de desinformación regional”, donde “el régimen actúa como un amplificador de narrativa antidemocrática y de desinformación geopolítica”, proyectando estas prácticas hacia otros contextos de la región.

Sobre los efectos en la población, advierte que la desinformación se ha convertido en un eje central del control estatal pues su objetivo es construir una realidad paralela que condiciona las decisiones de la ciudadanía. Esto se refuerza en un entorno donde el acceso a fuentes independientes es limitado y donde la información puede ser criminalizada, apunta.

Además, explica que esta estrategia busca deslegitimar y deshumanizar a quienes no se alinean con la narrativa oficial y es principalmente utilizada para etiquetar a periodistas, defensores de derechos humanos y otros actores como “terroristas” o “traidores a la patria”, lo que contribuye a justificar la persecución y profundiza la polarización social, generar desconfianza en las instituciones y fragmentar sociedades”, debilitando las democracias y favoreciendo la expansión de modelos autoritarios.

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Finalmente, sostiene que el objetivo central de esta estrategia no es convencer a la comunidad internacional, sino asegurar el control interno. Pues considera que se busca imponer una hegemonía del relato, en la que la verdad oficial es la única válida, al tiempo que se genera un entorno de miedo y confusión que inhibe la expresión y la participación.

Si bien, Medrano reconoce que estas dinámicas han logrado cierto control del espacio informativo, advierte que no han conseguido consolidar credibilidad, lo que mantiene abiertos, aunque limitados, espacios para el periodismo independiente.(laprensa.ni.com)


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