Tegucigalpa frente al límite: las obras y decisiones que necesita para no quedarse sin agua
La actual crisis de agua vuelve a colocar sobre la mesa una pregunta que trasciende los racionamientos de nueve o 12 días: ¿qué está haciendo Tegucigalpa para tener suficiente agua cuando llegue la próxima sequía?
Las precipitaciones de las próximas semanas podrían recuperar parcialmente Los Laureles y La Concepción e incluso permitir una reducción de los actuales ciclos de distribución. Pero las autoridades advierten que eso sería un alivio, no el final del problema.
La respuesta de largo plazo pasa por cinco frentes: almacenar más agua, recuperar la capacidad perdida de los actuales embalses, proteger las cuencas, modernizar la red y administrar cuidadosamente las fuentes subterráneas.
MÁS CAPACIDAD PARA GUARDAR AGUA
Entre las principales inversiones mencionadas por las autoridades están el embalse San José, que registra alrededor de 50 % de avance, y el proyecto de la represa Quiebra Montes.
Quiñónez también señala alrededor de US$150 millones de financiamiento del JICA y el BID para intervenciones relacionadas con la red de distribución, captación y eficiencia del sistema.
El hidrólogo Wilmer Reyes considera que la capital necesitaría dos o tres nuevas represas con capacidades similares a las existentes para mejorar sustancialmente su almacenamiento. Sin embargo, advierte que construir infraestructura sin garantizar agua para llenarla tampoco resolvería el problema.
RECUPERAR LO QUE YA EXISTE
Los Laureles y La Concepción enfrentan además otro problema: la sedimentación.
Reyes estima que aproximadamente 20 % del volumen debería descontarse debido a los sedimentos acumulados, lo que reduce la capacidad efectiva de almacenamiento. La cifra corresponde a la estimación del especialista y no a una medición oficial presentada en el documento.
Eso coloca la recuperación de los reservorios existentes junto a la construcción de nuevas obras dentro de las prioridades de largo plazo.
REDUCIR EL AGUA QUE SE PIERDE
Tegucigalpa tampoco puede resolver su crisis únicamente buscando nuevas fuentes mientras una parte importante del agua disponible desaparece antes de llegar a los usuarios.
Quiñónez señala que alrededor del 40 % se pierde, principalmente por fugas relacionadas con tuberías deterioradas y antiguas, además de conexiones irregulares.
Reducir ese porcentaje significaría aprovechar mejor el agua ya disponible antes de aumentar la presión sobre nuevas fuentes.
PROTEGER LAS CUENCAS
Las lluvias recientes también han demostrado que no basta con que llueva sobre Tegucigalpa.
Para recuperar las represas, las precipitaciones deben producirse en las cuencas y generar condiciones que permitan captación, recarga y almacenamiento. Un aguacero intenso puede incluso provocar inundaciones sin representar una recuperación importante para los embalses.
Por eso, los especialistas colocan la protección de bosques, cuencas y zonas de recarga como parte de la infraestructura hídrica que necesita la capital.
LOS POZOS SON APOYO, NO UNA FUENTE INAGOTABLE
Ante una reducción extrema de las reservas superficiales, los pozos adquirirían mayor importancia. Pero depender excesivamente de ellos también tiene riesgos.
Reyes advierte que una extracción sin control puede disminuir las reservas subterráneas. El profesor Ronnie Adalid Malta Maradiaga, de la UNAH, plantea que la perforación debe combinarse con conocimiento científico y protección de las fuentes para garantizar su disponibilidad futura.
EL PROBLEMA NO TERMINA CUANDO VUELVE A LLOVER
La prioridad inmediata es recuperar Los Laureles y La Concepción. La verdadera prueba, sin embargo, comenzará después de la emergencia.
Tegucigalpa necesita utilizar los meses lluviosos no solamente para llenar nuevamente sus embalses, sino para avanzar en infraestructura, reparar la red y proteger las fuentes que deberán sostener a la ciudad durante los próximos períodos secos.
La propia crisis muestra el costo de posponer esas decisiones: primero aumentan los días de racionamiento; después crece la dependencia de cisternas y pozos y, si las reservas continúan cayendo, también aumenta la presión sobre fuentes cada vez más limitadas.
