OPINIÓN: Seguiremos ejerciendo presión hasta que veamos un cambio en Nicaragua
Por: Christopher Landau/Subsecretario de Estado de los Estados Unidos
Reconocemos especialmente a los copatrocinadores de esta resolución y a todas las delegaciones presentes por mantener la atención sobre la dictadura de los copresidentes de Nicaragua, Rosario Murillo y Daniel Ortega.
Este verano, con un respaldo abrumador, esta organización aprobó una resolución que condenó el anuncio de Ortega de que no habría más elecciones en Nicaragua. Hoy estamos reunidos porque los países representados alrededor de esta mesa rechazan ese comportamiento antidemocrático.
Ha llegado el momento de que esta organización actúe y envíe un mensaje claro: la dictadura de Murillo y Ortega no tiene cabida en nuestro hemisferio.
Como ha señalado el secretario Marco Rubio, los recientes e ilegítimos cambios constitucionales aprobados por el Parlamento del régimen, que actúa como un mero sello de goma, dejaron al descubierto la ficción de la democracia en Nicaragua.
Esta es apenas la acción más reciente de Murillo y Ortega para privar a los nicaragüenses de sus libertades. Durante demasiado tiempo, estos codictadores han silenciado, desterrado y encarcelado a miles de personas a las que han señalado como opositores políticos, entre ellas ciudadanos estadounidenses y residentes permanentes legales de Estados Unidos.
La reciente muerte de Brooklyn Rivera fue una tragedia terrible. Sus familiares y allegados, que están de luto, deberían estar en libertad, no encarcelados por haber pedido que les entregaran su cuerpo.
Murillo y Ortega también han intensificado la represión religiosa. La mitad de los obispos católicos del país vive en el exilio. Debemos recordar las detenciones injustas y arbitrarias de los obispos Álvarez y Mora, y tampoco podemos olvidar los terribles informes sobre las torturas que sufrieron.
Es vergonzoso e indignante que un país con una de las tradiciones religiosas más profundas de nuestro hemisferio, y donde se levantan las grandes catedrales de Granada y León, no permita a los creyentes participar en procesiones durante la Cuaresma.
Desde hace mucho tiempo no existen condiciones seguras para que la oposición participe en la política nicaragüense, especialmente desde la violenta represión de 2018. Los ilegítimos cambios constitucionales califican de traidores a los opositores y les impiden participar en el proceso democrático.
Murillo y Ortega han convertido al hermoso país de Nicaragua en un Estado policial destinado a perpetuar su dominio dinástico. Y, como recordarán, esta no es la primera vez que intentan reescribir la Constitución para aferrarse al poder.
En 2025 cambiaron ilegalmente la Constitución para elevar a Murillo a la condición de copresidenta sin siquiera guardar las apariencias de una elección, porque saben que Murillo no puede ganar unas elecciones libres y justas.
Si no les tienen miedo a los nicaragüenses, ¿por qué les tienen miedo a las elecciones? La respuesta es sencilla: los dictadores temen la voluntad libremente expresada del pueblo nicaragüense.
Nicaragua debió celebrar elecciones este año. Sin embargo, nadie se hace ilusiones de que pueda haber elecciones —mucho menos libres y justas— mientras la dinastía Murillo-Ortega permanezca en el poder.
Todos entendemos que la crisis democrática de Nicaragua no es únicamente un asunto interno. Por el contrario, la dictadura pone en peligro la paz y la seguridad de nuestro hemisferio.
La dictadura desestabiliza a Centroamérica y al resto del hemisferio al facilitar la inmigración ilegal y abrir las puertas a servicios de seguridad extrarregionales que respaldan la represión.
Esos servicios de seguridad entrenan a la Policía Nacional de Nicaragua y comparten información de inteligencia con el aparato represivo del régimen. Estos actores no solo están apuntalando a una dictadura. También utilizan a Nicaragua como plataforma para proyectarse hacia nuestra región, amenazando la paz y la seguridad de Centroamérica y del hemisferio.
El statu quo en Nicaragua es intolerable. La resolución presentada hoy exige que la dictadura libere a las personas injustamente encarceladas, proteja la libertad religiosa, devuelva las propiedades confiscadas y revierta los cambios constitucionales que contradicen los principios democráticos.
¿Para qué existe esta organización si no podemos alzar la voz, con firmeza y claridad, en defensa de la democracia y de los principios establecidos en los documentos que tenemos frente a nosotros?
Nos complace que este organismo haya expresado su voluntad y su compromiso de hacerlo.
Para evitar que las exigencias de esta resolución caigan en oídos sordos, proponemos enviar a Managua un grupo de alto nivel, seleccionado por los ministros de Relaciones Exteriores, para transmitirlas directamente.
Estados Unidos espera trabajar con la presidencia de esta reunión y con los demás Estados miembros para conformar ese grupo de alto nivel, con representantes de todo el hemisferio, y llevar nuestro mensaje colectivo directamente al régimen.
Debemos considerar cuidadosamente quiénes integrarán esa delegación. Lo mismo debe hacerse para definir las acciones colectivas contempladas en esta resolución.
Esos pasos deberán adoptarse una vez que la delegación de alto nivel presente su informe ante esta reunión de ministros de Relaciones Exteriores. Lo que estamos pidiendo hoy es mantener abiertas nuestras opciones y decidir los próximos pasos después de que la delegación haya cumplido su misión.
La aprobación por consenso de esta resolución demuestra nuestra determinación de decirle a esta dictadura: los vemos. Todos nosotros los vemos.
Seguiremos ejerciendo presión hasta que veamos un cambio. Murillo y Ortega han cerrado sistemáticamente las puertas al diálogo productivo. Apenas ayer (el jueves) rechazaron el plácet de nuestro altamente calificado embajador, demostrando una vez más su falta de disposición a aceptar un diálogo diplomático profesional.
Como siempre, la Administración Trump está comprometida con una colaboración constructiva con la presidencia y los Estados miembros para impulsar nuestros esfuerzos colectivos en favor de un cambio democrático significativo en Nicaragua.
Muchas gracias.
El autor es subsecretario de Estado de los Estados Unidos, este es el texto adaptado de su intervención el viernes en la reunión de Cancilleres de la OEA para considerar el caso de Nicaragua.(Laprensani.com).
