En Libre se hacen los «locos» con la transición y no les pasa que están fuera del juego
A menos de tres semanas del cambio de gobierno en Honduras, el proceso de transición entre la administración saliente de Xiomara Castro y el equipo del presidente electo Nasry “Tito” Asfura permanece estancado, sin avances visibles ni coordinación institucional. Desde el oficialismo, el silencio ha sido la constante, mientras en el Partido Nacional crece la preocupación por la falta de entrega administrativa.
Funcionarios del partido Libertad y Refundación (Libre) han evitado pronunciarse oficialmente sobre el proceso, y los intentos de contacto por parte de medios de comunicación han sido infructuosos. Ni el asesor presidencial Manuel Zelaya ni el ministro de Comunicaciones Ivis Alvarado respondieron a las solicitudes de información. El único que se manifestó fue el asesor Geovanny Domínguez, quien vía WhatsApp declaró: “No tengo ninguna información al respecto”.
La presidenta Castro, en su mensaje navideño, reiteró que concluirá su mandato el 27 de enero de 2026, como establece la Constitución. Sin embargo, desde el entorno de Libre no se ha promovido ninguna acción concreta para facilitar la transición.
La designada presidencial electa, María Antonieta Mejía, denunció que la excandidata Rixi Moncada habría instruido a funcionarios y empleados públicos a no ejecutar ningún proceso de transición, alegando que las elecciones fueron fraudulentas. “Nosotros anhelábamos una transición en paz, pero lamentablemente Libre ha bloqueado todo acercamiento”, afirmó Mejía.
Este bloqueo contrasta con las prácticas históricas de traspaso de mando, donde las administraciones salientes entregaban las dependencias estatales para garantizar continuidad y estabilidad. En esta ocasión, la negativa de Libre ha generado incertidumbre institucional y ha sido interpretada por analistas como una muestra de que el oficialismo aún no asimila su derrota electoral.
Mientras tanto, Nasry Asfura continúa perfilando su gabinete, pese a la falta de colaboración del gobierno saliente. La ausencia de una transición ordenada podría afectar el inicio de la nueva gestión y comprometer la operatividad de varias instituciones clave.
