Más de un millón de hogares ucranianos quedan sin calefacción ni agua tras nuevos ataques rusos


Más de un millón de hogares en la región central de Dnipropetrovsk amanecieron este jueves sin calefacción ni suministro de agua tras una nueva ola de ataques rusos contra infraestructura energética en Ucrania, en plena temporada invernal, informaron autoridades locales.

Los bombardeos, ejecutados durante la noche con decenas de drones, forman parte de la estrategia que Kiev y sus aliados denuncian desde hace dos años: golpear instalaciones críticas para presionar a la población civil durante los meses más fríos.

Ataques masivos con drones

El operador estatal Ukrenergo confirmó que instalaciones energéticas de Dnipropetrovsk y Zaporiyia fueron alcanzadas por ataques masivos, lo que provocó cortes de electricidad y afectaciones en los sistemas de calefacción urbana.

Según la Fuerza Aérea ucraniana, Rusia lanzó 97 drones contra distintas regiones. Las defensas antiaéreas lograron derribar 70, pero 27 impactaron en objetivos estratégicos.

El viceprimer ministro de Reconstrucción, Oleksii Kuleba, informó que equipos de emergencia trabajan para restablecer los servicios básicos. “Las reparaciones continúan para devolver calefacción y agua a más de un millón de abonados”, escribió en redes sociales.

Daños severos en infraestructura crítica

El gobernador de Dnipropetrovsk, Vladyslav Gaivanenko, confirmó que varias instalaciones energéticas clave resultaron dañadas. “La situación es difícil”, señaló, aunque aseguró que el servicio será restablecido tan pronto como las condiciones de seguridad lo permitan.

En Zaporiyia, el gobernador Ivan Fedorov indicó que la electricidad ya fue restablecida en “instalaciones esenciales”, pero la mayoría de los hogares continúa sin acceso al suministro.

Kiev responde con ataques a infraestructura rusa

Como parte de su estrategia de respuesta, Ucrania ha intensificado los bombardeos contra depósitos y refinerías de petróleo en territorio ruso, con el objetivo de afectar las exportaciones energéticas de Moscú y generar presión económica.

El intercambio de ataques contra infraestructura crítica se ha convertido en uno de los frentes más sensibles del conflicto, especialmente durante el invierno, cuando la población depende de sistemas de calefacción centralizados para sobrevivir a temperaturas extremas.


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