Expolicía hondureño ligado a Los Cachiros saldrá libre en tres meses
En tres meses, Juan Manuel Ávila Meza, expolicía y abogado hondureño que se convirtió en engranaje central del cártel de Los Cachiros, quedará en libertad tras cumplir su condena en Estados Unidos.
Según la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York, Ávila Meza representa un ejemplo del poder corrosivo de la corrupción: un funcionario que pasó de portar uniforme policial y título de abogado, a convertirse en socio directo de una de las organizaciones criminales más violentas de Honduras.
De protector de la ley a aliado del narco
Su historia criminal inició en 2004, cuando decidió usar su doble rol para servir al narcotráfico. Desde entonces, entregó información confidencial, protegió cargamentos de cocaína y facilitó acceso a droga incautada.
Las pruebas lo ubican escoltando personalmente envíos de cocaína hacia Guatemala, diseñando rutas seguras y negociando sobornos para garantizar la complicidad de otros agentes. En 2014, fue grabado por Devis Leonel Rivera, líder de Los Cachiros, mientras delineaba estrategias con mapas, teléfonos encriptados y vehículos discretos.
“La gente muerta calienta las cosas”, se le escucha decir en una de las conversaciones, frase que, según la Fiscalía, retrata su frialdad y pragmatismo criminal.

El abogado que lavaba dinero y blindaba al cártel
Con el título de abogado, Ávila Meza se convirtió en pieza clave para lavar dinero y proteger los bienes del cártel. Tras las sanciones de la OFAC en 2013, creó empresas fachada, transfirió propiedades a prestanombres y reclutó colegas para frenar incautaciones.
Incluso, diseñó un esquema legal que permitió a Los Cachiros cobrar más de 21 millones de lempiras al Estado, dinero que en circunstancias normales no habría sido entregado.
La caída y la condena
En 2016, su doble vida colapsó. La justicia estadounidense presentó cargos en su contra con base en grabaciones, documentos y testimonios que lo situaban en el corazón del cártel. Ávila Meza intentó minimizar su rol, pero las pruebas resultaron irrefutables.
Ahora, a las puertas de recuperar su libertad, su nombre regresa como un recordatorio de una herida abierta: la penetración del narcotráfico en las instituciones hondureñas y el precio de la corrupción.

