Qué poder le quedará a Libre al quedar fuera de la presidencia


El mapa político hondureño cambiará con la llegada del nuevo gobierno, pero el Partido Libertad y Refundación (Libre) conservará espacios estratégicos que lo mantendrán como un actor determinante en la vida institucional del país, aun sin controlar el Poder Ejecutivo.

Aunque no logró retener la Presidencia, Libre administrará 69 de las 298 alcaldías del país en el nuevo periodo municipal, una base territorial que le permitirá sostener influencia en regiones clave.

En el Congreso Nacional, la bancada rojinegra será la tercera fuerza con 35 diputados. El nuevo oficialismo, el Partido Nacional, contará con 49 curules, seguido del Partido Liberal con 41. En un Legislativo fragmentado, cada voto será decisivo para construir mayorías, lo que coloca a Libre en una posición de negociación permanente.

El partido también mantiene presencia en instituciones del sector justicia. En el Ministerio Público continúa el fiscal general Johel Zelaya, cuyo mandato concluye en 2029. Aunque Zelaya ha dicho que no se aferra al cargo, su continuidad depende de decisiones del Congreso.

En la Corte Suprema de Justicia, Libre conserva seis de los 15 magistrados, incluida la presidenta del Poder Judicial, Rebeca Lizeth Obando. Su periodo se extiende hasta 2030, lo que garantiza al partido una cuota relevante en la toma de decisiones judiciales.

Poder en las calles: los colectivos

Además del poder institucional, Libre ha construido músculo en las calles. El expresidente Manuel “Mel” Zelaya asegura dirigir unos 30 mil colectivos, estructuras de movilización que han sido visibles en momentos de tensión política.

Durante el proceso electoral, estos grupos realizaron cierres de vías en Tegucigalpa en apoyo al decreto que ordenó el recuento de votos y respaldaron al alcalde del Distrito Central, Jorge Aldana, quien no reconoce su derrota.

El desafío: sostener la cohesión sin el Ejecutivo

La gran incógnita es si Libre podrá mantener unido el poder acumulado durante los últimos años ahora que no controlará la Presidencia. Analistas advierten que la transición podría poner a prueba la disciplina interna del partido.

El politólogo Manuel Torres considera que Libre debería enfocarse en consolidarse como una oposición sólida y no en cuestionar los resultados electorales. “Encerrarse en la confrontación solo profundizará el desgaste del oficialismo saliente”, señaló.

Fisuras internas ya visibles

Las tensiones dentro del partido emergieron desde la noche electoral. Ocho ministros reconocieron la derrota antes de que la dirigencia fijara postura, mientras otros líderes optaron por desconocer los resultados.

El vicepresidente del Congreso, Rasel Tomé, también aceptó públicamente la pérdida y responsabilizó a la cúpula partidaria por el revés. Días después, pidió al presidente del Legislativo, Luis Redondo, “parar ya” y no poner en duda los resultados oficiales. Tomé ocupará una curul en el próximo Congreso, lo que podría intensificar los roces internos.

Un partido con poder, pero en transición

Libre llega al nuevo ciclo político con influencia territorial, presencia institucional y capacidad de movilización, pero también con fracturas internas y el reto de redefinir su rol fuera del Ejecutivo. Su capacidad para sostener ese poder dependerá de su cohesión interna y de su estrategia frente al gobierno entrante.(Con información de Expediente Público).


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