Año nuevo, nuevo gobierno… pero ojo con un Waterloo político


Por: Carmelo Rizzo

Las elecciones terminaron. El calendario se ordenó. El nuevo gobierno inicia su mandato con un triunfo contundente, legítima y clara. Sin embargo, la historia política enseña una lección incómoda: no todas las derrotas nacen de una mala elección; muchas nacen de una victoria mal administrada. Ese es el riesgo que se abre hoy. No el de perder el poder, sino el de no saber cerrarlo. No el del fracaso inmediato, sino el del Waterloo político.

El escenario que se inaugura no es el de una transición clásica. Es un tablero fragmentado, con tres poderes activos —Ejecutivo, Congreso y sistema judicial— que no generan gobernabilidad automática. El Ejecutivo tiene mandato popular; el Congreso emerge dividido, con capacidad de veto más que de construcción; y el aparato institucional continúa operando con inercias del ciclo anterior. Ninguno controla el conjunto. Ninguno puede imponer orden por sí solo.

Ahí reside el riesgo central. La elección resolvió quién gobierna, pero no resolvió cómo se gobernará. Ganar no equivale a gobernar. Gobernar exige algo más complejo: coordinación, pactos funcionales y lectura exacta del terreno. Cuando ese ejercicio falla, la victoria empieza a volverse pírrica: cada avance cuesta demasiado capital político, cada decisión abre un nuevo frente, cada reforma desgasta más de lo que consolida. Si ese desgaste no se corrige, la victoria termina convirtiéndose en un Waterloo.

Hay otro error frecuente en los comienzos de gobierno: creer que los vencidos desaparecen. No lo hacen. Siguen existiendo políticamente, como maleza toxica: discretos, extendidos, persistentes. Conservan representación, redes, tiempos y capacidad de presión. Gobernar ignorándolos o intentando arrasarlos no fortalece al Ejecutivo; radicaliza el sistema y acelera el bloqueo. La exclusión absoluta no ordena el poder: lo descompone.

A este cuadro interno se suma un factor externo que no puede ignorarse. Estados Unidos y la Unión Europea no gobiernan el país, pero delimitan márgenes. Observan estabilidad institucional, relación entre poderes, respeto a las reglas y previsibilidad. Cuando el sistema interno no logra articularse, la presión externa aumenta. No como imposición ideológica, sino como reacción natural ante la ingobernabilidad. En ese contexto, la soberanía no se pierde por pactar; se pierde cuando el bloqueo vuelve al país imprevisible. Por eso, el dilema del nuevo gobierno no es ideológico, sino estratégico. No se trata de épica ni de revancha, sino de ingeniería política. Evitar el Waterloo exige decisiones tempranas: un pacto mínimo de gobernabilidad, un Plan Nacional de Reconstrucción que ordene prioridades, neutralice vetos y permita avanzar sin romper el sistema. No es reconciliación sentimental ni absolución moral. Es administración responsable del poder.

La historia ofrece una enseñanza clara. Los grandes colapsos no siempre llegan por falta de fuerza, sino por exceso de confianza y mala lectura del terreno. Frente a ese riesgo, la alternativa no es una batalla decisiva, sino una campaña prolongada, paciente y estratégica: asegurar alianzas, integrar actores funcionales, dividir extremos y consolidar avances graduales. Gobernar como campaña larga, no como choque frontal. Este enfoque también exige repensar el equipo. No se gobierna solo con capitanes. Se gobierna con marineros expertos: operadores, negociadores, ejecutores silenciosos. Un gabinete lleno de jefes y carente de oficio es la antesala del desastre. Cuando todos quieren mandar, nadie navega. Y en aguas turbulentas, la soberbia hunde más rápido que la tormenta. La nueva administración está a tiempo. Esta victoria categórica puede convertirse en gobernabilidad duradera o derivar en una secuencia de desgaste que termine en fiasco. La diferencia no la marcará el discurso, sino las decisiones. No la ideología, sino la estructura. No el relato, sino el orden.

La historia no premia la victoria; premia la administración del poder.
Incluso las victorias pírricas pueden cambiar el rumbo si se entienden a tiempo: no son triunfos totales, pero pueden abrir oportunidades totales.
AMC

Sobre el autor: Carmelo Rizzo es un exembajador, empresario y fino analista de la realidad nacional e internacional

@quepexman *BITÁCORA AMC* "En mar agitado, incluso el mejor capitán puede ir a la deriva". – Cuando el Congreso se Fragmenta, el Estado no Puede Detenerse. 1. El Problema que Nadie Dice en Voz Alta: ⚠️🏛️ Un Congreso dividido no es nuevo. Lo nuevo es no tener un sistema para manejar el desacuerdo. 👉 Cuando no hay mayorías estables: Las decisiones se retrasan – La política sustituye a la técnica. – El Ejecutivo reacciona en lugar de conducir 2. Gobernar no es Pelear, es Procesar: ⚙️🧠 Los países que avanzan no eliminan el conflicto, lo ordenan. 📌 Antes de discutir políticamente, las decisiones estratégicas deben pasar por un filtro técnico sólido. 3. La Clave: Calidad Antes que Consenso: 📑🔍 Cuando una propuesta llega al Congreso con: ✔️ sustento técnico ✔️ coherencia institucional ✔️ impacto medido el bloqueo cuesta más y la improvisación se reduce. 👉 La técnica no sustituye la política, la obliga a mejorar. 4. Continuidad en Medio del Ruido: 🧭 Un Estado no puede depender del humor legislativo semanal. La gestión pública necesita continuidad, incluso en escenarios fragmentados. ✔️ Presupuesto ✔️ Proyectos estratégicos ✔️ Compromisos internacionales no pueden quedar atrapados en el ruido político. 5. Cuando el Terreno se Ordena, la Política Flujo: 🌐⚖️ Cuando existe una referencia técnica clara: • Baja la confrontación – Suben los acuerdos parciales • El debate se vuelve más responsable 📌 Gobernar no es imponer, es reducir fricción. 6. El Principio Silencioso: 🔑 Un buen sistema no grita poder. Funciona. Los países que mejor navegan la fragmentación son los que se apoyan en técnica, no en discursos. 🚢🌊 El Estado es un barco. El Congreso fragmentado es mar agitado. El capitán sigue al mando. Pero sin instrumentos de navegación, cualquier barco deriva. 🧭 La gobernabilidad no se improvisa. ⚙️ Se diseña. 🏛️ Y se sostiene incluso cuando no hay mayorías. #AMC #bitacora #Honduras #politica #democracia ♬ sonido original – Que Pex Man

Noticia Anterior Delcy Rodríguez jura como presidenta encargada de Venezuela
Siguiente Noticia Gobernanza honesta sí, estado botín no