El calor, el niño y el mundo

Por: Carmelo Rizzo
Marzo avanza. Y con él, las pruebas reales. La política puede organizar discursos, calendarios y conferencias. El clima no espera turnos en la agenda. El calor empieza a sentirse y el fenómeno de El Niño vuelve a recordarnos en Centroamérica una lección conocida: la naturaleza no negocia con la administración pública.
Cada ciclo de El Niño trae la misma advertencia. Temperaturas más altas, presión sobre la generación eléctrica, estrés y sequía en ciudades y campos, y una agricultura que empieza a mirar el cielo con más preocupación que costumbre. No es una sorpresa. Es una repetición. La diferencia siempre está en la preparación.
Mientras Honduras ordena su diagnóstico institucional, el entorno global también se mueve. El mundo atraviesa un período de tensiones crecientes: guerras abiertas, conflictos regionales y rivalidades económicas entre potencias que ya no se esconden detrás de la diplomacia. No es necesariamente una guerra mundial clásica. Pero sí un mundo más fragmentado, más competitivo y menos predecible.
Y cuando el mundo se vuelve impredecible, los países pequeños sienten primero la presión: energía más cara, alimentos más sensibles al clima, cadenas de suministro más frágiles y mercados más nerviosos. Centroamérica conoce bien ese terreno.
Por eso marzo no solo exige método político. Exige anticipación estratégica. El calor no espera debates. El Niño no espera consensos.Y la economía global no concede pausas.La política puede discutir prioridades.
La realidad las impone.La historia enseña algo sencillo: los países que reaccionan tarde no fracasan por falta de discursos, sino por exceso de confianza en que el entorno permanecerá estable. Y el entorno nunca permanece estable.
El método de nuestro gobierno se pondrá a prueba más rápido de lo que muchos imaginan. Porque gobernar no es solo ordenar oficinas. Es leer el tiempo, anticipar presiones y preparar al país para escenarios que no siempre aparecen en los comunicados oficiales.
Marzo comenzó como un mes de diagnóstico político. Pronto podría convertirse en un mes de realidad climática y económica. Y esa combinación exige algo más que micrófonos. Exige previsión. — AMC
