Gobernanza honesta sí, estado botín no

Por: Marcio Enrique Sierra Mejía
Esa maldita costumbre política de tratar el Estado como botín de guerra hay que eliminarla. Y en este nuevo ciclo de gobernanza que se va a iniciar el 27 de enero de 2026, dejar de repartirse las instituciones, los presupuestos y los cargos como botín conquistado. Si la gobernanza socialista, dejó a un lado el mandato ciudadano de la de la refundación e instauró el más opresivo y corrupto Estado que ha tenido nuestra historia reciente, la gobernanza democrática con Nasry Asfura a la cabeza, deberá cambiar la historia para instaurar un sistema de gobierno con una lógica de mandato anti patrimonialista, constructiva de confianza pública, fortalecedora de la institucionalidad y cumplidora de las aspiraciones de desarrollo de los millones de hondureños que demandan un gobierno ejemplar.
El Estado corrupto que instauraron los socialistas refundacionales consistió en la captura administrativa, la repartición de puestos, la ausencia de planificación y la improvisación; fue un modelo basado, en la lealtad partidaria y no en el mérito, la opacidad reemplazó a la rendición de cuentas y la corrupción fue normalizada como un costo inevitable del poder. Dando como resultado, un régimen político antidemocrático vacío de contenido y un Estado inepto sin capacidad de responder a las necesidades reales de la población.
Honduras merece que se cierre de una vez por todas el Estado botín. Eliminarlo de raíz y dejar de considerarlo como una consigna ideológica o un ajuste mentiroso. La gobernanza democrática que va a iniciar debe tener ética y su sistema de dominación política no puede caer en el saqueo, ni la usurpación de poderes para protegerse políticamente. La gobernanza debe servir, administrar con probidad y limitar los limites del Estado de derecho.
En los cuatro años de gobierno que, serán ocho en un sentido figurado como lo dice el presidente electo Nasry Asfura, hay que gobernar con honestidad, procurando una institucionalidad que funcione con reglas claras, funcionarios seleccionados por capacidad y compromiso público, y las decisiones orientadas al bien común, no a la supervivencia de una oligarquía familiar política. Necesitamos una gobernanza honesta con transparencia efectiva real, controles objetivamente operando y una ciudadanía vigilante que no renuncie al derecho de exigir cuentas. Una nueva gobernanza democrática, debe ser justa al aplicar la justicia y no instrumentalizar la venganza en contra de los socialistas refundacionales, pero si aplicar la justicia, en los casos que se comprueben acciones delictivas con fondos públicos. Hay que instaurar un sistema político que no instrumentalice la justicia; pero que si la fortalece. Los administradores del Estado en esencia nacionalistas tienen que respetar la voluntad popular y no convertir la administración en una estratagema, para concentrar el poder y convertir las políticas públicas en instrumentos que, en vez de reducir las desigualdades, las amplían limitando las oportunidades de desarrollo nacional.
Los socialistas castromelistas impusieron el Estado botín y lo que produjeron fue pobreza, migración y desencanto, en vez de avanzar hacia una gobernanza honesta, generaron desconfianza, la debilidad institucional democrática y no hicieron posible el desarrollo nacional. Dios le hiso el milagro a los nacionalistas y, a cambio, espera que se instaure la honestidad con una funcionalidad basada en la rendición de cuentas.
