Viktor Orbán, el hombre de Moscú


Por: Gina Montaner

Si John Le Carré viviera, no tendría que estrujarse mucho el cerebro para hallar una buena trama de espionaje. La propia realidad política, que para él fue fuente de inspiración a la hora de escribir sus novelas, se lo pondría fácil. Basta con leer las noticias acerca de los presuntos vínculos entre el primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, y su homólogo ruso, Vladimir Putin. La Guerra Fría nunca ha ardido tanto.

Desde hace tiempo todo apunta a que el hombre fuerte de Hungría es, empleando la terminología de espionaje, un “compañero de viaje” del Kremlin. Y un reportaje reciente publicado en el Washington Post destapa maniobras al más alto nivel en las que está implicado nada menos que el ministro de Relaciones Exteriores de Hungría, Péter Szijjartó. Según el trabajo de investigación del WP, Szijjartó espía para el gobierno ruso y Bruselas, donde se encuentra la sede de la Unión Europea, es epicentro de un complot de espionaje por medio de las comunicaciones que el canciller húngaro establece con Moscú para informar sobre las conversaciones sensibles que los miembros de la UE sostienen. Al parecer, es tan evidente el intercambio de información con el ministro de Exteriores de Rusia, Serguey Lavrov, que el resto de los 27 miembros evitan a toda costa a los delgados húngaros. Temen, no sin razón, que, en materia de seguridad y con el conflicto Rusia-Ucrania sin resolver, Szijjartó sirve a los intereses de Putin.

Tanto el mandatario húngaro como su ministro de Exteriores lo niegan todo y aseguran que las informaciones parten de insidias que “plantan” otros líderes europeos. En concreto, se refieren al presidente polaco, Donald Tusk, quien más de una vez ha acusado a Orbán de ser el hombre de Moscú. Polonia, y el resto de democracias de la UE, denuncian el boicot sistemático del húngaro en el seno de la UE en todo lo referente a imponer sanciones a Rusia por su injerencia en Ucrania. Orbán, alineado con los intereses de Rusia, es un enemigo declarado del presidente ucraniano Volodimir Zelenski. Si por él fuera, se suspendía toda la ayuda al país invadido. Y no está solo, pues cuenta con el respaldo del presidente estadounidense Donald Trump, de quien no se ha demostrado que es un “compañero de viaje” de Moscú como el húngaro, pero, sin duda, siente una debilidad especial por Putin que tampoco esconde. Ya en la campaña electoral de 2016, el entonces candidato presidencial Trump conminó al gobernante ruso a interferir en las elecciones de aquel año. Dicho y hecho.

Recientemente se ha celebrado en Budapest una cumbre de líderes de la ultraderecha, quienes acudieron a la reunión para apoyar a Orbán de cara a las próximas elecciones presidenciales en Hungría. Por primera vez desde que llegó al poder hace 16 años, podría perder los comicios. Entre los asistentes que lo auparon se encontraban el presidente argentino, Javier Milei; el candidato de la ultraderecha en España, Santiago Abascal, y la líder ultraderechista francesa, Marine Le Pen. Además, se espera que el vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, visite la capital húngara antes de las elecciones del 12 de abril, con la intención de darle un empujón al aliado de Washington. El propio Trump envió un mensaje grabado a la cumbre de ultraderechistas y lo definió como “un tipo fantástico”. Para su secretario de Estado, Marco Rubio, el éxito del presidente húngaro es “un éxito” para la administración Trump. Lo paradójico es que el principal adversario de Orbán es Peter Magyar, actualmente al frente del partido Tisza. Ambos militaron en Fidesz, pero cuando Orbán se alejó del todo de los principios liberales del partido se produjo una fisura. Pasó de ser una figura prometedora de la Internacional Liberal a ser un abanderado de lo que denomina una “democracia iliberal”.

Desde que se instaló en el poder hace casi dos décadas y se embarcó en una deriva autoritaria, Orban se las arregló para la Constitución con el fin de permanecer más tiempo en el poder; amordazó a la prensa independiente; puso a su servicio el brazo legislativo. Y no ha dejado de perseguir al colectivo LGBTQ y demonizar a los inmigrantes. Bajo su prolongado mandato, Hungría ha dejado se ser una democracia sólida y le rinde pleitesía al inquilino del Kremlin, un antiguo funcionario de la policía política en los tiempos oscuros del comunismo soviético que subyugó a Europa del Este.

Cuando menos, resulta irónico que en esta nueva etapa de la perenne Guerra Fría un individuo como Viktor Orban sea a la misma vez el hombre de Washington y de Moscú. Como ven, hay tres gatos encerrados en esta novela de espionaje que bien pudo escribir Le Carre. O quien quiera que se atreva a desenmarañar tan oscuro desenlace. [©FIRMAS PRESS]

La autora (La Habana, 1960), es periodista y escritora.  Desde hace más de cuatro décadas publica una columna semanal en el Nuevo Herald  y en  diversos periódicos en América Latina. Su libro más reciente es “Deséenme un buen viaje. Memorias de una despedida” (Planeta 2024). En 2009 publicó la novela “La mala fama” (Plaza y Janés) y en 2006 coordinó y prologó “Un día sin inmigrantes” (Grijalbo).
Twitter: ginamontaner
(laprensa.ni.com)


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