Primer mes de Asfura marcado por ajuste estatal y agenda exterior
El presidente de Honduras, Nasry Asfura, alcanza este viernes su primer mes de gestión con una agenda centrada en el fortalecimiento de las relaciones con Estados Unidos, la reorganización del aparato estatal y la búsqueda de señales de confianza hacia el capital internacional.
Desde su toma de posesión el pasado 27 de enero, el mandatario ha promovido un plan de reingeniería institucional que contempla la fusión y eliminación de entidades públicas, con el objetivo de reducir el gasto corriente y redirigir recursos hacia inversión estratégica.
Sintonía con Washington
Uno de los ejes visibles de este arranque ha sido la cercanía con el presidente estadounidense, Donald Trump, quien respaldó públicamente su candidatura en los comicios de noviembre de 2025.
La relación bilateral tomó mayor relevancia tras el encuentro sostenido el 7 de febrero en Mar-a-Lago, donde ambos líderes discutieron temas de comercio e inversión, según informó el Gobierno hondureño.
En el ámbito económico, la administración Asfura prevé oficializar el próximo 6 de marzo el retorno de Honduras al Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI), una decisión que busca ofrecer mayor seguridad jurídica a inversionistas extranjeros y revertir la salida aprobada en 2024.
El sector empresarial, a través del Consejo Hondureño de la Empresa Privada (Cohep), ha valorado positivamente esta medida, argumentando que facilitará mecanismos alternos de resolución de conflictos.
Retos financieros y presión interna
Pese al respaldo legislativo derivado de la alianza entre el Partido Nacional y el Partido Liberal en el Congreso Nacional, el Gobierno enfrenta limitaciones presupuestarias significativas.
Según datos oficiales, el Estado ha debido responder a embargos y demandas judiciales que han afectado la liquidez, además de una considerable deuda flotante que condiciona la ejecución de proyectos públicos.
Analistas señalan que, aunque la estrategia internacional abre oportunidades, también podría profundizar la dependencia de Tegucigalpa respecto a Washington, mientras persisten interrogantes sobre la definición integral de la política exterior hondureña.
A un mes de haber asumido el poder, el Ejecutivo enfrenta el desafío de traducir la cercanía diplomática y los ajustes institucionales en resultados económicos y sociales tangibles para la población.
