Pedro Joaquín Amador dice que no le gustaba la Prado y ahora anda en bus
El cambio fue radical. Donde antes hubo escoltas, camionetas blindadas y estrictos protocolos de seguridad, hoy hay autobuses urbanos, canchas de fútbol y saludos espontáneos en la calle. Pedro Joaquín Amador, exfuncionario del gobierno de la presidenta Xiomara Castro, asegura que su salida del aparato estatal significó algo más que un relevo laboral: fue un regreso a sí mismo.
Lejos de añorar los privilegios del cargo, Amador afirma que la vida sin seguridad oficial le resulta más auténtica. “No lo siento como una pérdida”, dice, al describir su rutina actual entre el transporte público y las actividades cotidianas de su comunidad. Para él, el lujo que rodea al alto mando gubernamental terminó convirtiéndose en una especie de encierro.
El exasistente presidencial recuerda que nunca se sintió cómodo dentro de los vehículos blindados asignados por su función. Aunque reconoce su utilidad, asegura que no encajaban con su forma de ser. En declaraciones a TN5, explicó que el blindaje, el peso del vehículo y la imposibilidad de bajar las ventanas le quitaban algo esencial: el contacto con la gente. “Yo soy de pueblo. Me gusta sacar el brazo, saludar, sentir la calle”, expresó al evocar sus trayectos en una camioneta Toyota Prado.
Una vida más simple, con nuevas limitaciones
En esta nueva etapa, Amador admite que la austeridad también trae desafíos. Actualmente no cuenta con licencia de conducir, lo que limita su movilidad. Compró una motocicleta, pero solo la utiliza dentro de Campamento, Olancho, su lugar de origen. Para desplazarse fuera del municipio, opta por el autobús.
“Me vine en bus, tranquilo, feliz”, comenta, al tiempo que celebra disponer de más horas para una de sus pasiones: el fútbol. Dice que ahora puede entrenar y jugar con mayor frecuencia, algo que antes resultaba incompatible con la agenda oficial.
Durante su paso por el gobierno, Amador percibió salarios superiores a los 100 mil lempiras mensuales, pero aclara que esa cifra no reflejaba su realidad financiera. Revela que gran parte de sus ingresos se diluían entre deducciones, compromisos familiares y un embargo que —según relata— se originó a partir de un conflicto con un pariente cercano, quien habría utilizado a su madre para iniciar el proceso legal.
Entre el fútbol y la tranquilidad personal
Hoy se le ve con regularidad en las canchas, defendiendo los colores del equipo Meluca. Con humor, se describe como un delantero de sacrificio, más dedicado a presionar defensas que a inflar redes. Aunque todavía no marca goles, no pierde el entusiasmo y bromea con la idea de algún día disputar un partido oficial con la Selección Nacional.
Más allá del deporte y de los ajustes económicos, Amador afirma que conserva la tranquilidad gracias a lo que considera su principal legado en la función pública: su trabajo en favor de personas privadas de libertad. Sostiene que haber contribuido a la liberación de más de 600 presos políticos en etapa terminal es una acción que le da sentido a su paso por el Estado.
Ese logro, asegura, es lo que hoy le permite caminar con serenidad por las calles de su pueblo, sin escoltas ni blindajes, con la frente en alto y la cercanía de la gente que siempre quiso saludar sin barreras de por medio.
