Artemis II deja la órbita terrestre y pone rumbo a la Luna con tripulación a bordo
La misión Artemis II dio este jueves un paso histórico al abandonar la órbita terrestre y dirigirse oficialmente hacia la Luna, marcando el regreso de astronautas a las cercanías del satélite natural por primera vez desde el cierre del programa Apolo, hace más de cinco décadas.
Aproximadamente a las 23:49 GMT, la nave Orion encendió su motor principal durante cerca de seis minutos, generando el impulso necesario para liberarse de la gravedad terrestre. A bordo viajan tres astronautas estadounidenses y un canadiense, quienes permanecieron casi un día orbitando la Tierra antes de ejecutar esta maniobra clave.
Desde el espacio, el astronauta canadiense Jeremy Hansen destacó el significado del momento y el impacto visual del despegue definitivo. Señaló que observar la Tierra alejarse desde la cabina fue una experiencia difícil de describir y una prueba más del alcance de la exploración humana.
Su compañera Christina Koch coincidió en que la escena superó cualquier expectativa previa. Relató que, a través de las ventanas, la tripulación pudo ver el planeta completamente iluminado, con el brillo lunar reflejándose sobre su superficie. “Es una emoción para la que no hay entrenamiento posible”, comentó durante una transmisión en directo difundida por la NASA.
Con esta maniobra, Artemis II se convierte en la primera misión tripulada que se dirige a la Luna desde 1972. Hasta ahora, la presencia humana en el espacio se había concentrado en las proximidades de la Tierra, especialmente en la Estación Espacial Internacional, ubicada a unos 400 kilómetros de altura. La Luna, en comparación, se encuentra a más de 384.000 kilómetros, una distancia mil veces mayor.
La tripulación tardará entre tres y cuatro días en alcanzar su destino. Aunque no está previsto un alunizaje, la nave realizará una órbita alrededor del cuerpo celeste, incluyendo un paso por detrás de su cara oculta, antes de emprender el regreso a la Tierra, programado para el 10 de abril.
Un viaje sin posibilidad de reversa
Esta misión también establecerá un nuevo récord: los cuatro astronautas se convertirán en los seres humanos que habrán viajado más lejos de la Tierra hasta ahora. La trayectoria fue calculada para aprovechar la gravedad lunar como impulso natural de retorno, sin necesidad de encendidos adicionales del motor principal.
Esa estrategia implica una condición clave: una vez iniciado el impulso de salida de la órbita terrestre, no existe la opción de regresar directamente. Para volver, Orion debe completar el recorrido hasta la Luna y rodearla antes de iniciar el trayecto de retorno.
“La misión está ahora en manos de las leyes de la mecánica orbital”, explicó Lori Glaze, científica de la NASA, al señalar que la nave seguirá una ruta precisa que la llevará alrededor de la Luna y de vuelta a casa.
Los astronautas viajan con trajes que funcionan también como sistemas autónomos de supervivencia. En caso de una emergencia, estos pueden mantener condiciones adecuadas de oxígeno, presión y temperatura durante varios días.
Antes de abandonar definitivamente las cercanías de la Tierra, la tripulación —integrada por Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen— realizó múltiples pruebas para verificar el funcionamiento de la nave, que nunca antes había transportado personas.
Incidentes menores y buen ánimo a bordo
Durante las primeras horas de vuelo surgieron algunos inconvenientes técnicos menores, entre ellos uno relacionado con el sistema sanitario de la nave. El problema fue resuelto sin mayores consecuencias.
Con humor, Koch asumió el episodio y se autodenominó la “fontanera espacial” del equipo, comentario que provocó sonrisas durante la transmisión en vivo desde la cabina, un espacio del tamaño aproximado de una furgoneta donde los cuatro astronautas flotaban mientras enviaban saludos a sus familias.
La misión Artemis II tiene como objetivo validar los sistemas necesarios para un futuro regreso de astronautas a la superficie lunar, previsto para 2028. A largo plazo, la NASA busca establecer una base cerca del polo sur de la Luna y utilizar estas experiencias como preparación para eventuales misiones tripuladas a Marte.
“Esto no es algo rutinario”, afirmó el comandante Reid Wiseman. “Enviar a cuatro personas a casi 400.000 kilómetros de distancia es un desafío enorme, y apenas estamos comenzando a dimensionarlo”.
