Comunidad católica despide a madre e hija fallecidas en tragedia vial en Quimistán


La comunidad católica hondureña se encuentra de luto tras confirmarse la muerte de Lidia Elena Cubas Murillo y su hija Lidia Abelina Zelaya Cubas, quienes perdieron la vida en el accidente de tránsito ocurrido la tarde del Domingo de Resurrección en la carretera CA‑4, a la altura del sector La Ceibita, en Quimistán, Santa Bárbara.

Ambas mujeres regresaban de Esquipulas, Guatemala, donde habían participado en una peregrinación dedicada al Cristo Negro, una tradición religiosa que reunía a numerosos feligreses. El viaje de retorno terminó en tragedia luego de una colisión entre el autobús en el que se transportaban y una rastra, hecho que dejó un saldo de nueve personas fallecidas, incluidos los conductores de ambos vehículos.

Un legado de fe y servicio

La Renovación Carismática Católica recordó a madre e hija como mujeres profundamente comprometidas con su fe y con el servicio a la comunidad. En un mensaje compartido por miembros del movimiento religioso, destacaron que su vida fue un ejemplo constante de entrega espiritual, amor al prójimo y fidelidad al mensaje cristiano.

Ambas formaban parte activa de la Renovación Carismática Católica de la parroquia Santos Mártires, en Comayagua, donde eran ampliamente reconocidas por su participación constante en actividades pastorales, jornadas de oración y acompañamiento comunitario.

“Su paso por nuestras vidas dejó una huella imborrable”, expresaron miembros de la iglesia, quienes resaltaron la cercanía y el espíritu solidario que caracterizaban a Lidia Elena y Lidia Abelina.

Mensajes de despedida y solidaridad

Tras conocerse la noticia, decenas de mensajes de condolencia comenzaron a circular en redes sociales, donde feligreses, amigos y conocidos recordaron a ambas mujeres como personas bondadosas, comprometidas con la fe y siempre dispuestas a servir a los demás.

El fallecimiento de madre e hija ha causado una profunda conmoción tanto en Comayagua como entre la comunidad religiosa a la que pertenecían, reforzando un sentimiento colectivo de duelo y reflexión sobre la fragilidad de la vida.

Para quienes las conocieron, su recuerdo permanece como un testimonio vivo de fe, amor y servicio, valores que continúan inspirando a la comunidad que hoy las despide con respeto y esperanza.


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