Otra vez fiestas patrias


La economía resiste. ¿Y la gente?

Por: Carmelo Rizzo

Otra vez septiembre. Regresaron las banderas, los desfiles, las bandas escolares y las palillonas. Honduras vuelve a vestirse de azul y blanco, como corresponde. Pero un año después también regresa una pregunta bastante sencilla: ¿qué cambió para mejorar? No necesariamente en los discursos, ni en las cifras grandes, sino en aquello que la mayoría puede medir sin calculadora: comida, combustible, empleo, servicios y oportunidades.

Los informes económicos hablan de una Honduras resistente. Y seguramente hay razones técnicas para decirlo. La economía sigue funcionando, el comercio se mueve, las remesas sostienen buena parte del consumo y los balances nacionales muestran actividad. Pero resistir no es necesariamente mejorar. Una familia también puede resistir cuando consigue llegar a fin de mes recortando gastos, aplazando compras o dejando proyectos para después. Sobrevive. Se adapta. Resiste. Pero eso no significa que esté mejor.

La diferencia se ve claramente entre el desfile y el mercado. En la avenida marchan las bandas; unas cuadras más allá alguien compara el precio del frijol, la carne, las verduras o el transporte antes de decidir qué lleva a casa. El combustible vuelve a presionar costos y cada aumento termina recorriendo silenciosamente toda la cadena: transporte, producción, distribución y finalmente el consumidor. Mientras tanto, el diésel por momentos empieza a parecer Chanel: cada vez más exclusivo. La economía puede verse estable desde arriba y sentirse bastante diferente cuando se empuja una carreta de compras.

La inversión plantea otra pregunta. No puede decirse que Honduras esté paralizada, pero tampoco parece haberse encendido todavía ese gran motor de nuevas inversiones que transforma expectativas en fábricas, proyectos, empleos y crecimiento visible. El capital es particularmente sensible a la confianza: observa reglas, estabilidad, energía, seguridad jurídica y capacidad de ejecución. Cuando alguna de esas piezas genera dudas, la inversión es como un venado asustado, rara vez protesta. Simplemente espera… o se va. Y cuando el capital se va, también se aleja el empleo que debía acompañarlo.

Eso no significa negar avances ni exigir resultados imposibles en pocos meses. Un gobierno nuevo hereda problemas, necesita tiempo y tiene derecho a corregir. Pero también llega un momento en que la explicación debe comenzar a convertirse en resultado. Aguantar puede ser necesario; no debería convertirse en destino. Porque el objetivo de una economía no es únicamente soportar golpes, sino generar suficiente crecimiento para que las oportunidades lleguen más lejos y la mejoría pueda sentirse fuera de los informes.

Las Fiestas Patrias son precisamente una buena ocasión para recordar que Honduras no es únicamente Gobierno, Congreso, bancos o cifras económicas. También es la señora que abre el puesto del mercado antes de amanecer, el muchacho que busca su primer empleo, el agricultor que calcula si sembrar nuevamente y el empresario que decide si arriesga capital aquí o en otra parte. Ellos también llevan la bandera, aunque no estén desfilando.

Celebremos septiembre. Que suenen las bandas y ondeen las cinco estrellas. Pero cuando termine el desfile quedará pendiente la tarea importante: convertir estabilidad en crecimiento, crecimiento en inversión e inversión en una mejoría que pueda sentirse. Porque una patria puede aprender a resistir durante mucho tiempo. Pero no nació solamente para resistir. También tiene que avanzar. AMC


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