La sequía también seca los empleos: car wash reducen personal por crisis de agua
Negocios compran el barril de agua hasta por 50 lempiras ante el limitado abastecimiento
Menos clientes, mayores costos y reducción de personal golpean a pequeños lavaderos de vehículos
Tegucigalpa, Honduras.— La sequía que golpea a Honduras ya no solo se refleja en represas con bajos niveles y hogares con dificultades para abastecerse. La escasez de agua comienza a pasar factura a pequeños negocios que dependen directamente del recurso para operar, elevando sus costos y obligándolos a reducir personal o limitar sus actividades.
Los car wash o lavaderos de vehículos están entre los negocios que resienten directamente la crisis. A la menor disponibilidad de agua se suma el costo de comprarla por otros medios, mientras la cantidad de clientes también ha disminuido.
Durante un recorrido realizado por Contextohn.com en Tegucigalpa se constató una baja actividad en algunos de estos establecimientos y una reducción en el número de trabajadores.

De tres trabajadores quedan dos
En la colonia Altos de Toncontín, Alejandro Mendoza, propietario del Car Wash Mi Bendición, explicó que el suministro que reciben actualmente resulta insuficiente para mantener funcionando el negocio, por lo que deben comprar agua.
“No, pues, la verdad que la estamos comprando porque llega muy poca”, relató Mendoza sobre las dificultades que enfrentan para conseguir el recurso.
El agua representa ahora un gasto adicional considerable para un establecimiento que depende de ella todos los días. Según el propietario, actualmente pagan entre 40 y 50 lempiras por cada barril.
Pero el problema no termina con el abastecimiento. Mientras aumenta el costo de operación, también ha disminuido la cantidad de personas que llegan a lavar sus vehículos.
“Ha bajado bastante”, respondió Mendoza al ser consultado sobre el movimiento de clientes durante las últimas semanas.
Menos trabajo también significa menos empleos
La caída en la actividad ya tiene consecuencias laborales. Mendoza explicó que actualmente únicamente cuenta con un trabajador, además de él mismo.
“Pues aquí solo tengo una persona, conmigo somos dos, porque está bien bajo el trabajo”, señaló.
Anteriormente, el establecimiento operaba con tres personas. Aunque se trata de la reducción de un puesto, para un pequeño negocio significa perder una tercera parte de su fuerza laboral.
El caso muestra uno de los efectos menos visibles de la sequía. Cuando escasea el agua no solamente aumentan las dificultades para los hogares, sino que también se encarece la operación de pequeños negocios y comienzan a ponerse en riesgo fuentes de empleo.
Para los lavaderos de vehículos, cada barril comprado representa un gasto que debe incorporarse a una operación que, al mismo tiempo, enfrenta una menor demanda.
Lavar un vehículo cuesta entre 150 y 300 lempiras
Pese al aumento en los costos de operación, por ahora los negocios consultados no reportan incrementos generalizados en las tarifas por el servicio.
Actualmente, lavar un vehículo puede costar entre 150 y 300 lempiras, dependiendo de la ubicación del establecimiento, el tamaño del automóvil y los servicios incluidos en el paquete de lavado.
Sin embargo, si la escasez de agua continúa y los negocios deben destinar cada vez más recursos para garantizar su abastecimiento, el incremento de las tarifas podría convertirse en una alternativa para compensar los mayores costos.
El abastecimiento de agua, un requisito para operar
El acceso al agua representa además un aspecto fundamental para la operación formal de este tipo de establecimientos.
Dentro de los trámites relacionados con su funcionamiento, los negocios deben acreditar la forma en que obtienen el recurso hídrico. Cuando un establecimiento no dispone del suministro correspondiente de la red pública, puede ser necesario demostrar una fuente alternativa de abastecimiento mediante servicios privados de cisternas y conservar la documentación que respalde la compra del agua.
Estas condiciones adquieren mayor relevancia durante períodos de escasez, cuando las autoridades priorizan el agua potable para consumo humano y pueden aplicarse restricciones al uso comercial del recurso.
La crisis hídrica, por tanto, empieza a generar una cadena de consecuencias que va más allá de abrir un grifo y encontrarlo vacío. Para pequeños negocios como los car wash significa comprar agua más cara, atender menos vehículos y sostener una planilla con menores ingresos.
Si la sequía se prolonga, propietarios como Mendoza tendrán que continuar haciendo cuentas entre lo que pagan por cada barril, lo que ingresan diariamente y la cantidad de trabajadores que pueden mantener.
En Tegucigalpa, la falta de agua comienza así a sentirse también en el empleo: menos agua, menos clientes y menos puestos de trabajo.
