Más de 62 toneladas de cocaína revelan cómo opera el narcotráfico marítimo en el Atlántico
Los barcos pesqueros se han convertido en una pieza de una compleja logística utilizada para movilizar cocaína por el Atlántico, mediante operaciones que incluyen encuentros en alta mar con lanchas rápidas y semisumergibles, transbordos y compartimentos ocultos.
Un estudio del Centro Internacional de Investigación y Análisis Contra el Narcotráfico Marítimo (CMCON) analizó esta modalidad entre 2022 y el 15 de julio de 2026 y documentó 26 eventos relacionados con embarcaciones pesqueras, en los que fueron decomisados 62,562 kilos de cocaína.
El estudio identifica dos mecanismos principales. En algunos casos, los pesqueros parten desde Sudamérica llevando la cocaína y realizan extensas travesías por el Atlántico.
En otros, salen del puerto sin droga y reciben posteriormente el cargamento en alta mar, en coordenadas previamente establecidas. Lanchas rápidas o semisumergibles transportan los fardos hasta el punto de encuentro y allí los transfieren al pesquero.
De esta manera, una misma operación puede dividirse entre varias embarcaciones, reduciendo el tiempo durante el cual cada una permanece directamente vinculada al cargamento.
DROGA OCULTA Y CARGAMENTOS EN EL MAR
Según el estudio, también se han identificado cargas arrojadas al océano o balizadas para recuperarlas posteriormente, así como embarcaciones cargadas con combustible destinadas a abastecer a otros barcos.
Una vez recibida la cocaína, los fardos pueden ocultarse en fondos falsos, tanques de combustible, compartimentos estructurales o depósitos de pescado modificados.
Su actividad legal permite permanecer durante días o semanas navegando, recorrer largas distancias y modificar rutas sin que necesariamente resulte extraño.
El desafío para las autoridades es distinguir entre una embarcación dedicada realmente a la pesca y otra integrada a una operación criminal.
NO EXISTE UNA SOLA RUTA
El análisis señala movimientos desde el norte de Sudamérica y el nordeste de Brasil, pero advierte que las organizaciones pueden cambiar embarcaciones y corredores durante una misma operación.
El resultado es una cadena logística en la que una embarcación puede transportar la cocaína, otra recibirla, una tercera suministrar combustible y otra completar el recorrido.
La modalidad representa un desafío particular para los países con extensas costas sobre el Caribe. En Honduras, fuerzas de seguridad han realizado operaciones de interdicción marítima en el departamento de Gracias a Dios, una zona expuesta a movimientos de embarcaciones por el Caribe occidental.
El estudio muestra que combatir este tráfico ya no implica únicamente vigilar una ruta: las autoridades deben identificar redes de embarcaciones que pueden dividir una misma operación entre diferentes puntos y actores en alta mar.
