Del pique de taquilla a México: el gran secreto de Stallone y Schwarzenegger


Es de sobra conocida la feroz rivalidad que Sylvester Stallone y Arnold Schwarzenegger mantuvieron en los 80 y principios de los 90 por coronarse como los reyes absolutos del cine de acción.

Una disputa que nació tras un altercado con un jarrón de flores en los Globos de Oro y que derivó en años de indirectas y un absurdo pique por ver quién lograba el mayor número de bajas en pantalla entre Commando y Rambo II. Curiosamente, esta última joya del género, ambientada en el conflictivo Vietnam, se filmó en realidad en suelo mexicano.

Aunque la trama transcurre en Asia, el traumático y reciente recuerdo de la guerra con Estados Unidos, sumado a las tensiones políticas, hacía imposible rodar allí de forma segura.

Además, existía un desafío logístico colosal: en aquella época, trasladar toneladas de equipo técnico y pirotecnia al otro lado del planeta implicaba costes prohibitivos. La solución llegó al descubrir que los paisajes de Acapulco podían hacerse pasar perfectamente por la jungla vietnamita.

MÉXICO PERFECTO

Escenarios naturales como las cascadas de El Salto o la Laguna de Coyuca recrearon con enorme éxito la selva asiática (aunque se apoyaron con algunas tomas de recursos grabadas en Tailandia), con la ventaja añadida de estar a un breve vuelo de distancia de Hollywood. México demostró una versatilidad única para la industria y, pocos meses después, el propio Schwarzenegger pisaría el mismo país para rodar la mítica Depredador (Predator).

Esa producción también guardaba un truco. La historia sitúa al mayor «Dutch» (Schwarzenegger) y a su comando de élite rescatando rehenes en la indomable selva de Centroamérica. Sin embargo, el laberinto verde donde la criatura alienígena los acechaba uno a uno pertenecía en realidad al estado de Chiapas.

Aun así, el engaño cinematográfico más sorprendente de Schwarzenegger en México no ocurrió en una jungla, sino en el planeta Marte. Gran parte de los pasillos futuristas y opresivos de Desafío Total (Total Recall) no se levantaron en sets estadounidenses.

El equipo aprovechó la impactante arquitectura brutalista de la Ciudad de México, transformando estaciones de metro reales (como Chabacano) y las instalaciones de los Estudios Churubusco en una auténtica y distópica colonia espacial.


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