Juan Orlando: «Mi propósito de vida tiene que ver con mi familia
Comayagua, Honduras. El expresidente Juan Orlando Hernández reapareció públicamente este domingo tras regresar a Honduras y aseguró que vuelve al país con dos objetivos principales: reencontrarse con su familia y responder ante la justicia hondureña por los procesos legales que puedan derivarse de su gestión.
Ante cientos de simpatizantes que lo recibieron a su llegada, Hernández afirmó que uno de sus mayores anhelos es recuperar el tiempo perdido con sus seres queridos. «Mi propósito de vida tiene que ver con mi familia, mis nietos; quiero disfrutar lo que no pude. Me siento orgulloso de mi familia», manifestó.
El exmandatario también sostuvo que cumplirá con cualquier requerimiento judicial en Honduras. «Desde que salí de prisión dije que iba a enfrentar la justicia hondureña porque la verdad no la pueden esconder», expresó, al tiempo que recordó que su retorno al país se postergó durante varios meses, aunque aseguró que nunca desistió de la idea de regresar. «Nadie, absolutamente nadie, evitará que yo llegue a Honduras», declaró.
Defiende su actuación y envía mensaje político
Durante su discurso, Hernández aseguró que durante el proceso que enfrentó en Estados Unidos hubo intentos de humillarlo, pero afirmó que mantuvo firme su fe. «De rodillas solo ante Dios, mi creador», expresó ante los asistentes.
En el plano político, el exgobernante hizo un llamado a la unidad del Partido Nacional, al señalar que la organización continuará siendo una fuerza relevante en la política hondureña.
«Nuestro partido es maduro, inteligente; no nos va a dividir ni nos van a separar. El Partido Nacional es una joya que hay que cuidar, hay partido para rato», afirmó.
Asimismo, pidió a sus correligionarios respaldar a las autoridades electas del instituto político, incluido el presidente del Partido Nacional, Nasry Asfura, así como a alcaldes, diputados y demás dirigentes nacionalistas.
Advierte que seguirá participando en la vida pública
Hernández también aseguró que continuará pronunciándose sobre los asuntos que considere de interés nacional y advirtió que estará dispuesto a defender al país frente a cualquier amenaza.
«El día que yo vea que una amenaza radical amenaza Honduras, allí estará este indito pelo parado para defender el país», manifestó.
Al concluir su intervención, el expresidente reiteró su identidad y sus raíces hondureñas, agradeciendo el respaldo de quienes acudieron a recibirlo.
«No olviden, soy Juan Orlando Hernández, vengo de las tierras del ideólogo cacique Lempira y hoy, de la mano de Dios, estoy de regreso», concluyó entre aplausos y consignas de sus simpatizantes.
Contexto
Juan Orlando Hernández gobernó Honduras entre 2014 y 2022. En abril de 2022 fue extraditado a Estados Unidos, donde enfrentó un juicio por delitos relacionados con el narcotráfico. En marzo de 2024 fue declarado culpable por un jurado federal en Nueva York de conspirar para importar cocaína hacia territorio estadounidense y de delitos vinculados al uso de armas de fuego para facilitar actividades de narcotráfico.
Durante todo el proceso, Hernández rechazó las acusaciones y sostuvo que era víctima de una persecución basada en declaraciones de narcotraficantes que buscaban reducir sus condenas. Su retorno al país marca un nuevo capítulo en su trayectoria política y judicial, en medio de opiniones divididas entre quienes respaldan su gestión y quienes consideran que su legado quedó marcado por el histórico proceso que enfrentó en Estados Unidos.
DISCURSO ÍNTEGRO
Muchísimas gracias. Primero que nada le doy gracias al Señor Dios de los ejércitos, nuestro creador, porque por Él estoy en libertad. A Él sea toda la gloria y la alabanza por los siglos de los siglos. Soy un hombre bendecido por Dios; me dio una familia que ha sido mi roca, mi familia cercana.
Nunca voy a olvidar cuando hablé con mi papá y con mi mamá y les dije: “Bien, sé que creo que me voy a casar”. Mi papá, como un hombre muy sabio, ya tenía información al igual que mi mamá y me preguntó: “¿Y es con aquella muchacha que también estudia Derecho?”. Le dije: “¿Cuál?”. Y me respondió: “¿Verdad que se llama Ana?”. “Sí, papá”. Entonces allá donde Dios lo tiene, mi padre y mi madre, que está aquí, me dieron la bendición.
No pude escoger mejor mujer. Ha estado en las buenas y en las malas, y cuando todo parecía que se derrumbaba quedó ella al frente, con mucha fuerza y temple, que solo lo da la fe en Dios nuestro creador. Se puso de frente ante el mundo y dijo: “Juan Orlando volverá”. Mis hijos dijeron: “Juan Orlando volverá”. Mi mamá también lo decía, y muchos de ustedes decían: “Juan Orlando volverá”. Hoy, gracias a sus oraciones, ya volví a mi hermosa tierra.
Quiero decirles también que tengo, gracias a Dios, otra familia extendida: la familia con la que trabajé durante ocho años. Me hicieron presidente dos veces y me hicieron cumplir un gran sueño. Fuimos, a través de mi gobierno, de casa en casa, tocando puertas, viendo a los más necesitados, revisando si tenían piso de tierra para cambiarlo por piso de cemento, sustituyendo los fogones tradicionales por ecofogones.
Por eso me pusieron “Juan Fogón”, promovimos las microempresas de tortillas y me pusieron “Juan Tortilla”. Creyeron que al hacer eso me iban a avergonzar, pero siempre dije que le daba gracias a Dios por los orígenes que tengo. Nací orgullosamente en una aldea que se llama Río Grande; mi mamá también es de una aldea y mi padre también. Siempre me he sentido orgulloso de mis raíces.
Esa familia extendida me permitió llevar crédito a la gente que más lo necesitaba, a través de los guías de familia, los programas de mejores familias, los promotores del bono, la chamba comunitaria, protección civil y otros programas sociales.
Hoy puedo decir con orgullo que llegamos hasta los lugares más alejados y recónditos de Honduras. Donde no había carretera, donde no había puente, ahí estaban los guías de familia y los demás equipos. Llegamos a familias que durante décadas se sintieron abandonadas y rechazadas. Les dijimos: “Ustedes son tan hondureños como nosotros, tienen dignidad y juntos queremos que crezcan para que salgan adelante”.
A esa familia extendida hoy le digo que estoy convencido de que Dios hizo este milagro por el trabajo que ustedes realizaron en beneficio de los más pobres. También quiero decirles que ustedes estuvieron presentes en los momentos más difíciles, cuando sufrimos.
Cuando tuve que decirles a mis hijos: “Por una vida llamada hijos, no me voy a ir para ningún lado. Voy a enfrentar esto. No son ciertas esas acusaciones”. Mis dos mujeres valientes me dijeron: “Papá, sí, nosotros te conocemos”. Les dije: “Vamos a comenzar un camino duro y difícil”, pero me siento orgulloso de los hijos que tengo.
Ellos se pusieron de frente, comenzaron a decir cuál era la verdad y esa verdad empezó a trascender en Honduras y luego en Estados Unidos. Comenzaron las investigaciones y después de eso el presidente más informado del mundo dijo que revisó junto a su equipo el caso y determinó que se había convertido en una tremenda injusticia, una cacería de brujas y el uso de la justicia como arma política.
Todo comenzó aquí. Y a tantos de ustedes que nunca dejaron de creer les digo que en Honduras todos nos conocemos, todos sabemos quién es quién. Cuando quisimos salvar a Honduras, eran pocos los que habían tomado decisiones en el pasado, pero al estar al frente dije: “Yo no puedo voltear la cara para otro lado”.
Eso es lo que más hace sufrir a mi pueblo: la violencia. Y nos fuimos de frente. Yo dije que iba a hacer lo que tenía que hacer en el marco de la ley.
Sé que ha sido una prueba difícil para muchos de ustedes porque sufrieron conmigo. A muchos los sacaron de sus trabajos, los persiguieron y los insultaron, pero yo jamás iba a negociar algo ilegal. Cuando alguien me dijo por qué no negociar, respondí: “Ustedes no entienden que hay cosas más grandes, que es la verdad. La verdad siempre sale a la luz”.
Lo hice no solo por Juan Orlando, lo hice por mi esposa, por mis hijos, por mi madre, pero también lo hice por todos ustedes y por Honduras.
Quiero agradecer también a quien Dios puso como un ángel guardián en este proceso, mi abogado Renato Stabile. Desde un inicio sentí ese acompañamiento y esa seguridad. Me dijo: “Juan Orlando, vamos a llegar hasta las últimas consecuencias porque vos sos inocente y yo voy a regresar a Honduras solamente si te llevo conmigo”.
Gracias, Renato (Stabile). Porque ahora que la Corte del Segundo Circuito de Nueva York ordenó eliminar la sentencia y la condena, y limpiar todos los cargos, no solamente es una reivindicación para Juan Orlando y su familia, también lo es para mi querido pueblo hondureño.
Quiero decirles que mi propósito de vida ahora tiene que ver con mi familia. Hoy quiero aprovechar el tiempo que Dios me da porque quiero ver crecer a mis nietas y a los que vendrán. Quiero disfrutar con mis hijos, sentarme tranquilamente en la casa y conversar de cualquier cosa.
No lo hice durante el gobierno. Incluso los domingos, cuando era tiempo para ellos, yo estaba pensando en asuntos de trabajo. Físicamente estaba ahí, pero no estaba realmente con ellos. Ahora veo la lección que me han dado: se pusieron de lleno a defenderme y me siento orgulloso de la familia que Dios me dio.
El segundo propósito lo dije públicamente desde el segundo día que salí de prisión: así como enfrenté la justicia de Estados Unidos porque sabía que la verdad no la podían esconder para siempre, también dije que regresaría a Honduras y enfrentaría la justicia hondureña.
Voy a enfrentar este proceso porque la verdad no se puede esconder. Pido, como cualquier ciudadano, que se aplique la ley como corresponde, que no se politice la justicia y voy a luchar también por la tierra donde nací y por la memoria de mis padres.
Siento mucha gratitud con ustedes. Mi corazón está lleno de agradecimiento por quienes oraron, quienes defendieron mi libertad y nunca dejaron de creer. Mi gran lección es que cuando llega la adversidad, lo importante es cómo se enfrentan los problemas.
Nunca bajen la cabeza. A mí me quisieron humillar, hicieron un espectáculo cuando me sacaron de aquí, pero les dije directamente: aunque quieran humillarme, no me voy a dejar humillar. De rodillas, solamente ante Dios, mi creador.
No tengo temor. Vengo con el corazón lleno de esperanza, humildad y gratitud. Vengo a ser un hondureño más que construye, que edifica y que unifica dentro de mi partido y fuera de mi partido.
Nuestro país necesita instituciones fuertes. El Partido Nacional, al igual que los demás partidos, debe ser fuerte y unido. Pero recuerden que hay cosas más grandes que un individuo y que un partido: es Honduras.
Por eso debemos unirnos los hondureños y ayudar a sacar adelante al país. Al presidente Nasry Asfura le deseo lo mejor porque es el presidente de Honduras y tiene todo mi respaldo. También al presidente del Congreso Nacional, Tomás Zambrano, a los diputados y alcaldes electos por el pueblo les digo que cuentan conmigo.
Después de todo esto he querido jubilarme, retirarme y dedicarme a mi familia, pero mantengo mi compromiso como hondureño. El día que vea que algo está haciendo daño al país o que nuevamente un radicalismo pueda llegar, ahí estará este “indito pelo parado” para decir las cosas.
A todos, incluso a quienes piensan diferente, les digo: tenemos que querer este país. Es nuestro. Unámonos todos.
Gracias por estar aquí. Ustedes saben que los quiero mucho y que los llevo en el corazón.
Soy Juan Orlando Hernández, vengo de las tierras del indómito cacique Lempira y gracias a las oraciones de todos ustedes hoy volví a mi tierra. Qué lindo es estar en la tierra que lo vio a uno nacer y qué hermoso es tener la familia que tengo y la familia extendida que Dios me dio.
