La odisea de adoptar un niño en Honduras


Imagine que usted, con su esposa o esposo, siente en su corazón adoptar un niño en Honduras. Usted nació aquí, su vida está aquí, y además de enriquecer su familia con un hijo y darle a ese niño o niña una oportunidad de salir de la orfandad, recibir amor en una familia estable, cree sinceramente que está ayudando al país a ser mejor.

Entonces, entra a la página del Dinaf y lee con ilusión que la primera declaración coincide con lo que ustedes piensan:

“Las niñas y los niños son realmente los ciudadanos más importantes de Honduras, además de ser la mayoría. Casi 4 millones que crecen y alegran nuestro país y que mañana serán quienes lo sigan construyendo”. Imposible no estar de acuerdo. Ustedes siguen leyendo y el texto dice:

“DINAF tiene como mandato principal atender a los más desprotegidos, a los que sienten vulnerados sus derechos, a los que buscan la posibilidad de tener además de una patria, una familia”. Y ustedes pensarán que están en las puertas del cielo y que un angelito pronto llegará a sus vidas.

Y aquí empezarán ustedes dos, como matrimonio, un viaje muy difícil en una
institución llamada a atender a “los que sienten vulnerados sus derechos y a los que buscan la posibilidad de tener además de una patria, una familia”, les llevará durante los próximos…¿4, 5, 6…años?

LOS NÚMEROS NO MIENTEN

Según datos de Dinaf, en Honduras hay más de 8.000 niños en condición de vulnerabilidad, distribuidos en 177 hogares. Y también, según datos del Dinaf publicados en el diario La Prensa, del 2015 al 2021, es decir en seis años de trabajo, se asignaron solo 278 niños y niñas a matrimonios o personas como el lector o la lectora.
Lea bien: Eso hicieron en seis años. Ese es su índice de éxito. Esa es la medida, el indicador de su trabajo, de su método, de su nivel profesional, de su compromiso. Y en el año 2020, por poner el dato más reciente disponible, siempre según Dinaf, se asignaron en adopción 10 niños y 8 niñas. Lea bien. En un año de trabajo de un ejército de funcionarios pagados por los hondureños.

Haga cuentas rápidas: toda la infraestructura del Dinaf, – cientos, o miles, de abogados, sicólogos, administradores, personal de apoyo- con toda la pompa y la caspa, le dieron un hogar en seis años de trabajo, al 3% de los niños. Es decir, su eficacia, su trabajo, fracasó con el 97%. Y esos otros 7,722 niños y niñas (sin tener los datos de los últimos meses) seguirán creciendo en los hogares, viendo como su esperanza de pasar a ser parte de un hogar se esfuma.

A FUEGO LENTO

El Plan Estratégico Institucional de Dinaf 2020-2024 es un compendio de buenas intenciones de escritorio, escrito y aprobado seguro con buena voluntad por personas que jamás han adoptado un niño o siquiera intentado. La teoría por encima de la realidad. La burocracia por encima de los niños en situación de vulnerabilidad. La realidad es que Honduras es el país de Latinoamérica más irresponsable con los tiempos en los procesos de adopción.

Mientras en México – con más de 40.000 niños esperando ser adoptados- los trámites pueden tardar máximo dos años, en Costa Rica, si se hacen en forma privada con un abogado tardan unos seis meses y por la vía de la entidad pública entre uno y dos años, según informa el Patronato Nacional de la Infancia (PANI) equivalente al Dinaf hondureño, por citar dos ejemplos. En Guatemala, Ecuador y Bolivia se tardan dos años, según datos de sus instituciones. Honduras, cuatro años es la media contando con muchísima suerte. Y es suerte, pues es imposible saber los tiempos que se cocinan a fuego lento tras las paredes de Dinaf.

A este factor del absurdo y lento proceso de adopción, alejado por completo de la velocidad y realidad de un mundo cambiante, se suma el hecho comprobado que la mayoría de los padres que quieren adoptar prefieren infantes entre los 0 y los 6 años de edad, pues consideran que aún pueden adaptarse rápidamente a su nueva vida en familia. Esto hace que sea humanamente imposible saber qué edad tendrá la niña o niño que una pareja pidió en adopción en 2022 cuando le sea asignada por allá en el 2027. A lo mejor ya tendrá 11 u 12 años.

Y se esperaba a un niño de 5 ó 6. A lo mejor el matrimonio cambió de ciudad, de trabajo, de casa, de ingresos. Por esa razón también crece la deserción de parejas que inician trámites y abandonan al segundo o tercer año. Es un embarazo en el espíritu que acaba en aborto emocional. Es el infierno de Dinaf, donde a la fecha, más de 7,722 niños, niñas, adolescentes, esperan que el “Estado” les de, como reza el epitafio de la página web de Dinaf “…la posibilidad de tener además de una patria, una familia”. Ni patria, ni familia. Un infierno en vida, ese es el legado de Dinaf.

 


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