Zelaya: represas no suben pese a lluvias y capital mantiene doble alerta


La capital hondureña enfrenta una aparente contradicción climática: mientras las autoridades mantienen medidas de emergencia por la escasez de agua y los bajos niveles de los embalses, las fuertes lluvias de las últimas horas obligaron a declarar Alerta Amarilla por riesgo de inundaciones y otros efectos de las precipitaciones.

“Seguimos en alerta por sequía, pero también estamos en Alerta Amarilla por las lluvias. Entonces aquí estamos de los dos lados”, resumió el alcalde del Distrito Central, Juan Diego Zelaya.

Las precipitaciones representan un alivio después de semanas de condiciones secas, pero todavía no han sido suficientes para modificar significativamente la situación de Los Laureles y La Concepción.

La crisis hídrica había llevado a establecer ciclos de distribución de agua de hasta 12 días desde este 20 de septiembre. Días atrás, ambos embalses se encontraban alrededor del 24 % de su capacidad.

NO TODA LA LLUVIA TERMINA EN LOS EMBALSES

Zelaya explicó que los reportes más recientes no mostraban todavía un aumento de las reservas.

La razón ayuda a entender una de las particularidades de la crisis: para recuperar Los Laureles y La Concepción no basta con que llueva intensamente sobre Tegucigalpa.

Las precipitaciones deben caer en las cuencas que alimentan los embalses y generar suficiente escorrentía para aumentar el volumen almacenado.

Por eso puede ocurrir que una tormenta provoque calles inundadas en determinados barrios de la capital y, al mismo tiempo, produzca poco impacto inmediato en las reservas utilizadas para abastecer de agua potable a la ciudad.

Zelaya había explicado anteriormente que los ciclos de distribución podrían reducirse nuevamente si las lluvias permiten recuperar los reservorios.

LLUVIA: ALIVIO Y RIESGO AL MISMO TIEMPO

Mientras los embalses necesitan agua, algunas zonas de Tegucigalpa recibieron grandes cantidades en períodos muy cortos.

Según Zelaya, en uno de los sectores más afectados se registraron 122 milímetros de precipitación, provocando incrementos rápidos en quebradas y ríos.

El alcalde había advertido el sábado sobre una crecida considerable del río Choluteca y pidió especial atención a las familias residentes en zonas vulnerables.

Esta situación expone otro problema: la cantidad de lluvia no es el único factor determinante; también importa dónde cae, durante cuánto tiempo y qué capacidad tiene la ciudad para evacuarla.

BASURA Y GRASA COMPLICAN EL DRENAJE

Zelaya señaló además que durante las inspecciones realizadas después de las lluvias encontraron tragantes y cunetas obstruidos por basura.

La Alcaldía reportó incluso electrodomésticos y otros desechos arrastrados por las corrientes.

A esto se suma otro problema identificado por las autoridades municipales: acumulaciones de grasa provenientes de establecimientos comerciales.

En la colonia Kennedy, según el alcalde, fueron encontrados bloques de grasa endurecida dentro de tuberías, cunetas y tragantes. Zelaya anunció que solicitará una ordenanza municipal para regular con mayor precisión el manejo de las trampas de grasa.

Durante las actividades relacionadas con el Día Mundial de la Limpieza, la Alcaldía movilizó alrededor de 5,000 personas en 15 puntos de la capital. El alcalde aseguró que durante el año se han recogido unas 230 mil toneladas de desechos.

UNA SEMANA CLAVE PARA LA CRISIS DEL AGUA

El ingreso de una onda tropical mantiene abierta la posibilidad de nuevas precipitaciones. Cenaos pronostica lluvias y chubascos moderados y fuertes, acompañados de actividad eléctrica, con mayores acumulados sobre las regiones central, sur, suroccidental y oriental.

La Alcaldía prepara equipos y personal para responder a eventuales inundaciones y mantiene vigilancia sobre ríos y sectores vulnerables.

Pero las mismas lluvias serán observadas desde otra perspectiva por UMAPS: cuánta agua logra entrar realmente a Los Laureles y La Concepción.

Ese dato determinará si Tegucigalpa comienza a salir de los niveles críticos de almacenamiento y si puede modificarse el esquema de racionamiento.

Por ahora, la paradoja continúa: la capital necesita que llueva para recuperar sus reservas, pero cuando el agua cae intensamente en poco tiempo también aumenta el riesgo de inundaciones, deslizamientos y crecidas de ríos.


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