Sepultan a las primeras 13 víctimas de la masacre en Rigores, Trujillo
Rigores, Trujillo, Colón. La comunidad amaneció este viernes sumida en un dolor profundo. En medio del silencio roto por llantos y rezos, familiares y vecinos comenzaron a sepultar a las primeras 13 víctimas de la masacre ocurrida el 21 de mayo, un ataque que dejó 19 personas asesinadas, entre ellas cuatro menores de entre 14 y 16 años y tres mujeres.
Las escenas en el cementerio comunitario reflejan la magnitud de la tragedia: ataúdes alineados, familias abrazadas en busca de consuelo y un pueblo entero intentando comprender cómo un grupo de trabajadores agrícolas fue ejecutado sin piedad mientras se preparaba para iniciar su jornada en una finca de palma africana.
Los cortejos fúnebres avanzaron uno tras otro, acompañados por decenas de personas que aún no logran asimilar la violencia con la que fueron atacados sus vecinos. La masacre, considerada una de las peores en la historia reciente de Trujillo, dejó una herida abierta en una comunidad que vive entre el trabajo agrícola y el temor constante por los conflictos que atraviesan el Bajo Aguán.

Las fotografías difundidas muestran escenas de duelo: familias cargando los ataúdes, niños llorando junto a las tumbas recién abiertas y mujeres sosteniendo retratos de sus seres queridos. Son imágenes que retratan la devastación de un pueblo que perdió a padres, hijos, hermanos y amigos en cuestión de minutos.
El ataque ocurrió la mañana del 21 de mayo, cuando un grupo armado emboscó a los trabajadores en la finca de Rigores. Las autoridades investigan si el crimen está relacionado con:
- Disputas históricas por tierras en el Bajo Aguán, o
- Ajustes de cuentas entre estructuras criminales que operan en la zona.
Equipos de la DPI y otras unidades policiales continúan procesando la escena y recopilando indicios balísticos y biológicos para identificar a los responsables.
Rigores vive hoy una jornada de luto colectivo. Las familias entierran a sus muertos mientras esperan respuestas y protección. La comunidad exige justicia y teme que esta tragedia no sea la última en una región marcada por décadas de violencia agraria y criminal.
