EL PLEITO DE LOS CÍCLOPES


Gigantes que miran América con un solo ojo

OPINION Por Carmelo Rizzo

Los cíclopes eran gigantes. Tenían fuerza, tamaño y una pequeña desventaja: miraban el mundo con un solo ojo. Pensé en ellos viendo el mapa político de América. Brasil acaba de reelegir a Lula da Silva en una votación tan cerrada que dejó al país partido en dos. Ganó Lula. La autoridad electoral proclamó el resultado, aunque Bolsonaro anunció que buscará impugnarlo. Pero la otra mitad de Brasil no desapareció con el conteo. Y quizá allí comienza la verdadera historia.

Al norte, otro gigante se prepara para votar. Estados Unidos renovará su Congreso este noviembre. Los republicanos conservan mayorías estrechas, mientras los demócratas llegan con ventaja en varias mediciones nacionales y posibilidades reales de alterar el equilibrio, especialmente en la Cámara. Donald Trump seguirá en la Casa Blanca, pero podría despertarse frente a un Congreso con más paredes. En democracia, hasta los gigantes descubren que el poder necesita armonía.

El problema de los cíclopes no es su tamaño. Es su manera de mirar. Derecha e izquierda suelen observar con enorme claridad aquello que confirma su propio ojo. Unos hablan de mercado, seguridad y orden. Otros de desigualdad, derechos y protección social. Cada mirada encuentra verdades. El peligro aparece cuando pretende que la otra mitad del paisaje dejó de existir.

Y mientras los colosos discuten poder, la gente lleva otra cuenta. Cuánto cuesta llenar el tanque. Cuánto alcanza para el supermercado. Cuánto queda después de pagar energía, vivienda y transporte. En Brasil, el costo de vida atravesó la campaña. En Estados Unidos está entre las preocupaciones que más pesan antes de votar. Las ideologías se discuten en televisión. El costo de vida se vota todos los días en la caja registradora.

Centroamérica siente esos movimientos, aunque no aparezca en la papeleta. Cuando Washington cambia política migratoria, comercio, cooperación o gasto exterior, lo sentimos. Cuando Brasil o México mueven alianzas y prioridades, también cambia el terreno. Y mientras las urnas se mueven, también lo hacen los barriles. La América de Colón ya no busca especias: ahora mueve poder y petróleo.

Somos pequeños frente a estos monstruos. Precisamente por eso necesitamos dos ojos abiertos. Uno para entender hacia dónde se mueve el poder. Otro para descubrir dónde aparece la oportunidad. Producir más alimentos. Generar energía. Mejorar puertos y carreteras. Atraer inversión. Aprovechar cadenas regionales. Negociar con Washington, Brasilia, México, Europa o quien venga con propuestas que sirvan al bienestar de nuestra gente.

No necesitamos enamorarnos del gigante de turno. Necesitamos aprender a negociar como grandes. Porque ellos pueden darse el lujo de pelear por quién mueve el continente. Los pequeños tenemos otra obligación: movernos mientras ellos pelean. La pregunta incómoda, entonces, no es con cuál queremos quedar bien. Es otra: ¿podemos caminar entre los cíclopes sin perder nuestro rumbo… o terminaremos aplastados por alguno en pleno pleito? AMC.


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