¿Qué celebramos los segundos domingos de mayo?


Por: Diana Vayona

“En el nombre de madre se encierra la más grande expresión del amor, porque no puede haber en la tierra una imagen más clara de Dios”.
Ese himno que nos enseñan desde la escuela, desde niñas, construye una idea poderosa… y peligrosa.

Crecemos creyendo que las madres todo lo podemos, todo lo soportamos, todo lo damos. Y peor aún: que no podemos arrepentirnos.

Pero, ¿cuántas madres arrepentidas habrá en silencio?
Y más importante todavía: ¿por qué?

¿Será por la carga asumida en soledad?
¿Por el abandono de las masculinidades que también deberían sostener la crianza?
¿O por algo más estructural y menos nombrado: el abandono del Estado?

Históricamente, las mujeres somos quienes maternamos. Y esa asignación no es neutra: limita, frena y muchas veces impide nuestro desarrollo profesional, económico y personal. Mientras los hombres avanzan en espacios laborales, muchas mujeres sostienen la vida desde el ámbito doméstico, postergando sueños, estudios y proyectos.

No es casualidad. Es estructura.
El Estado ha estado y sigue estando ausente en la construcción de políticas públicas de cuidado. No hay sistemas sólidos que permitan a las mujeres trabajar mientras sus hijos e hijas están protegidos. No hay suficientes centros de cuidado, ni redes de apoyo institucional. La maternidad sigue siendo una responsabilidad privada, cuando en realidad es una función social.

Cada segundo domingo de mayo, los medios publican cifras:
cuántas madres jefas de hogar hay, cuántas madres “solteras” existen.
Pero ahí termina la conversación.

No se profundiza en que Honduras sigue siendo uno de los países con altas tasas de embarazo en niñas y adolescentes.
No se habla de que la violencia sexual afecta mayoritariamente a niñas.
No se cuestiona que muchas maternidades comienzan en contextos de abuso.

Niñas criando niños.

¿Entonces qué celebramos?

El trabajo de cuidado —no remunerado, invisibilizado— sostiene la vida. Las mujeres campesinas, por ejemplo, se levantan desde la madrugada para garantizar la reproducción de la vida y el trabajo, sin acceso justo a la tierra ni reconocimiento económico.

Y, sin embargo, la narrativa dominante sigue siendo otra.

La publicidad del Día de la Madre ofrece refrigeradoras, estufas, electrodomésticos… regalos que refuerzan el mismo rol: seguir cuidando, seguir sosteniendo, seguir sirviendo.

El Estado también debe maternar.

Debe garantizar políticas de cuidado, sistemas de salud accesibles, atención a la salud mental, estrategias reales para prevenir el embarazo adolescente. Pero incluso en los planes de gobierno, este tema apenas aparece.

Mientras tanto, la iglesia sigue promoviendo una idea de mujer sumisa, donde maternar es la máxima expresión del amor, aun cuando miles de niñas son obligadas a maternar producto de la violencia.

Los titulares dicen que las mujeres somos jefas de hogar.
Pero no cuentan los malabares diarios para llegar a fin de mes.
No cuentan el cansancio.

No cuentan el tiempo que no existe para jugar con los hijos e hijas.

Muchas madres profesionales viven en una tensión constante: crecer o maternar. Avanzar o detenerse.

Según datos oficiales, este año se registran casi 30 mil nacimientos en el país. Detrás de esa cifra, hay un dato más duro: muchas de esas maternidades ocurren en edades donde las niñas deberían estar viviendo su infancia, no criando.

Y aún así, seguimos celebrando.

Seguimos preguntándonos poco.

Seguimos evitando la conversación de fondo.

Necesitamos un Estado que deje de vernos como cifras y empiece a construir condiciones reales: empleos dignos, salarios justos, redes de cuidado, acceso a salud integral, tiempo libre, corresponsabilidad.

Maternidades que no duelan.
Maternidades acompañadas.
Maternidades elegidas.
Pero para eso, hay que incomodar.

Entonces, de verdad:
¿qué celebramos los segundos domingos de mayo?

Sobre el autor: Diana Vayona es Master en Gestión de Desarrollo con Orientación Psicosocial
Licenciada en Periodismo Especialista en Comunicación para el Desarollo


Noticia Anterior Baja el diésel, pero aumenta la súper y la regular, el subsidio sigue vigente
Siguiente Noticia Putin encabeza el desfile del Día de la Victoria más reducido en años