Mala suerte del número 13, superstición o leyenda urbana


¿Te has fijado alguna vez en si el ascensor de un edificio se detiene en el piso 13? Si nunca lo has visto, se debe al profundo recelo que muchas culturas tienen hacia esta cifra. Pero, ¿de dónde nace exactamente el mito de que el 13 atrae la desgracia?

Las supersticiones varían alrededor del globo, aunque pocas resultan tan curiosas y universales como el temor a este número. Explicar cómo y por qué se consolidó este estigma mundial es complejo, pero su impacto en la vida cotidiana y en la arquitectura actual es innegable.

De hecho, la planta 13 es evitada en casi cualquier país. En el año 2007, un sondeo de la consultora Gallup demostró que al 87 % de los estadounidenses les incomodaría pasar la noche en el piso 13 de un hotel, reflejando el rechazo generalizado hacia ese nivel.

Poder del 13

En contraposición, solo un 13 % de los encuestados afirmó que no tendría problemas en hospedarse en dicha planta. Del amplio grupo que mostró desagrado, el 74 % aseguró que exigiría un cambio de habitación a un piso diferente.

Este temor cultural es tan fuerte que empresas como Otis omiten el botón del piso 13 en sus elevadores, saltando directamente de la planta 12 a la 14, tal como detalla el especialista Barry Markovsky.

Markovsky, profesor emérito de sociología de la Universidad de Carolina del Sur, ha estudiado a fondo las supersticiones y sostiene que es la propia creencia colectiva la que otorga un poder real a este número.

El miedo irracional al número 13 se conoce científicamente como triscaidecafobia. Sin embargo, encontrar su raíz exacta es una tarea difícil. «El origen de la mala reputación del 13… es turbio y especulativo», aclara el sociólogo.

Explicaciones

Una de las teorías más compartidas vincula este recelo con la regla popular de no sentar a trece personas en una misma mesa, una idea que proviene de los mitos nórdicos.

Según relata Markovsky, en la mitología nórdica el dios Loki fue el invitado número trece en un banquete del Valhalla, donde manipuló a otro asistente para provocar el asesinato del dios Baldur. Por otro lado, el cristianismo también refuerza este temor.

En la tradición cristiana, Judas —el apóstol que traicionó a Jesús— fue justamente el asistente número 13 en la Última Cena. A pesar de estos ejemplos, el experto destaca que cualquier sociedad puede asociar la mala fortuna a un número bajo el contexto adecuado.

«Cuando las condiciones son propensas, un rumor o superstición genera su propia realidad social, convirtiéndose en una leyenda urbana que sobrevive al paso del tiempo», concluye Markovsky, quien recuerda que, de igual manera, el número 9 es considerado de mala suerte en Japón.


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