Copeco: Honduras debe prepararse ante riesgo latente de sismos
** Por décadas se han registrado sismos, incluso el de 2009 de 7.3 grados
** Solo en 1999, hubo 800 movimientos sísmicos, la mayoría de 3.5 grados
** Remezones de Colombia e Indonesia actualizan la problemática
La tierra puede permanecer tranquila durante años y, sin embargo, la amenaza continúa debajo de la superficie.
Honduras forma parte de una región geológicamente activa en la que interactúan varias placas tectónicas y existen sistemas de fallas capaces de producir movimientos de considerable magnitud.
Los terremotos que durante las últimas semanas han provocado destrucción, evacuaciones y temor en diferentes regiones del mundo han vuelto a colocar el riesgo sísmico en la discusión pública.
Para Honduras, el escenario internacional no significa que un terremoto sea inminente ni que esos fenómenos estén relacionados entre sí, pero sirve para recordar una realidad que los especialistas consideran necesaria no perder de vista: un terremoto no puede predecirse y la principal defensa es estar preparados antes de que ocurra.
AMENAZA SÍSMICA
El jefe de la Unidad de Sismología de la Secretaría de Gestión de Riesgos y Contingencias Nacionales (Copeco), Mario Valdés, explicó a Contextohn.com que Honduras posee áreas claramente identificadas con niveles elevados de amenaza sísmica.
Frente a esa amenaza existe una debilidad que el especialista reconoce abiertamente. “Realmente tenemos poca preparación, ya que este es un tema que realmente se ha ido olvidando con el tiempo”, señaló.
La explicación, según Valdés, tiene que ver en buena medida con la propia naturaleza de los terremotos. Los grandes eventos destructivos pueden tardar años o décadas en repetirse en una determinada región y, conforme pasa el tiempo, también disminuye la percepción de peligro entre la población.
“Como los sismos grandes no ocurren recurrentemente, entonces ese tema como que se va olvidando”, enfatizó el especialista.
CHOLUTECA Y VALLE
El mapa de amenaza sísmica utilizado como referencia para Centroamérica permite establecer que el peligro no es uniforme en todo el territorio hondureño.
Valdés identificó sectores de Choluteca y Valle entre las zonas con mayor amenaza sísmica del país. “Las zonas con muy alta tasa de amenaza sísmica serían parte de Choluteca y Valle, es como la más alta amenaza sísmica”, precisó.
La explicación se encuentra mar adentro, frente a las costas del Pacífico centroamericano. En esa región ocurre un proceso de subducción relacionado con las placas de Cocos. Como también las placas tectónicas del Caribe. En términos generales, una placa se introduce debajo de otra y el movimiento y acumulación de esfuerzos pueden generar terremotos.
“En el sur es por la zona de subducción, la placa de Cocos y la placa del Caribe”, explicó Valdés. Pero no representan el único escenario.
NOROCCIDENTE Y CARIBE
La otra región destacada por el jefe de Sismología de Copeco comprende el noroccidente de Honduras y la zona del Caribe, vinculada al límite entre las placas de Norteamérica y del Caribe.
“Luego viene a ser la parte noroccidental del país”, explicó Valdés, señalando que la amenaza está asociada al “contacto entre placas, la placa del Caribe y la placa de Norteamérica”.
Ese contacto no es una amenaza únicamente teórica. Precisamente en esa región se originó uno de los terremotos más fuertes de la historia reciente hondureña.
28 DE MAYO DE 2009

Eran las 3:24 de la madrugada del 28 de mayo de 2009, cuando un terremoto de magnitud 7.3 grados Richter estremeció Honduras.
Los registros del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) situaron el epicentro aproximadamente 46 kilómetros al noroeste de Guanaja, con una profundidad cercana a 19 kilómetros.
El informe técnico elaborado por el USGS sobre aquel desastre explica que el terremoto ocurrió en la falla transformante de las Islas del Cisne, parte del límite entre las placas de Norteamérica y del Caribe.
LOS FALLECIDOS
El organismo documentó al menos seis fallecidos, unas 40 personas heridas y más de 130 edificaciones dañadas o destruidas en el norte de Honduras. El tramo central del puente La Democracia, en El Progreso, Yoro, también colapsó.
Otros registros posteriores del USGS elevaron a por lo menos siete las víctimas mortales vinculadas al terremoto. Para Valdés, aquel episodio demuestra por qué Honduras no debería permitir que el riesgo sísmico desaparezca de la agenda de prevención.
“Tenemos un sismo de 2009, un 7.3 allá al norte del país”, recordó durante la entrevista.
El terremoto no solamente fue sentido en Honduras. Los registros estadounidenses indican que también se percibió en Guatemala, Belice, El Salvador, Nicaragua, México, Cuba, Jamaica, las Islas Caimán y otros lugares de la región.
Incluso existen estudios que documentan que aquel terremoto generó un pequeño tsunami que inundó algunas áreas bajas.
EDIFICIOS DE ALTURA
Debido a que en los últimos años se ha registrado un boom de construcción de edificios de altura o torres en las principales ciudades de Honduras, sobre todo en San Pedro Sula y Tegucigalpa, los desarrolladores aplican las normativas municipales que exigen memorias de cálculo sísmico para proyectos mayores a tres niveles.
Existe un control de planos por cuanto se revisan parámetros de diseño sismorresistente para nuevas torres autorizadas en zonas urbanas densas.
En este tema, se explicó que la construcción de torres en zonas de crecimiento vertical se rige por el Código Hondureño de la Construcción (Cochyc), que se basa en normas internacionales y establece parámetros mínimos de diseño estructural, estudios de suelo obligatorios y factores de seguridad ante sismos y otros eventos naturales.
La normativa se utiliza con mayor frecuencia en edificios modernos y construcciones de altura, mientras que en viviendas, edificaciones de mediana escala y estructuras antiguas su cumplimiento resulta mucho menos riguroso.
Asimismo, se indicó que es necesario garantizar que los edificios esenciales estén habilitados y en condiciones de operar durante una emergencia.

DURANTE DÉCADAS
El terremoto de 2009 es el referente más reciente de gran magnitud, pero está lejos de ser un episodio aislado.
Documentos sobre gestión de riesgo recopilados por el Banco Mundial (BM), registran terremotos que afectaron Honduras desde 1774. Entre los antecedentes aparecen eventos en 1856, 1915, 1974, 1980 y 1982, además de diferentes episodios registrados durante 1999.
Uno de los datos más llamativos corresponde precisamente a 1999. Durante ese año fueron registrados alrededor de 800 movimientos sísmicos en Honduras, de los cuales aproximadamente el 72 % tuvo magnitudes iguales o inferiores a 3.5.
Los registros del USGS también muestran que el 11 de julio de 1999 ocurrió un terremoto de magnitud 6.7 cerca de Potrerillos, Honduras.
Estos antecedentes ayudan a dimensionar la advertencia planteada por Copeco: la ausencia de un gran terremoto durante los últimos años no equivale a la desaparición de la amenaza.
“NO SE PUEDE PREDECIR”
Después de un terremoto importante suelen aparecer mensajes, videos y publicaciones en redes sociales anunciando nuevos movimientos para determinados días u horas. Valdés descarta que científicamente pueda hacerse una predicción de esa naturaleza.
“No, no se puede predecir”, indicó Valdés, para agregar que sí se puede estudiar las zonas sísmicamente activas, analizar las fallas y el movimiento de las placas y establecer cuáles territorios poseen una amenaza mayor.
“No podemos decir: va a ocurrir un sismo de esta magnitud este día o va a ocurrir sismicidad hoy o sismicidad mañana”, explicó.
La afirmación del especialista hondureño coincide con la posición científica del USGS, que sostiene que ni esa institución ni otros científicos han logrado predecir un gran terremoto estableciendo simultáneamente su fecha y hora, localización y magnitud.
Lo que sí puede calcularse son probabilidades de que determinados territorios experimenten terremotos
COLOMBIA E INDONESIA
La advertencia hondureña adquiere especial actualidad por lo ocurrido recientemente en Colombia e Indonesia. El 10 de agosto de 2026, un terremoto de magnitud 7.4 golpeó el occidente de Colombia, provocando derrumbes y severos daños, particularmente en Cali y otras ciudades. El movimiento llegó a sentirse hasta la capital Bogotá.

Ocho días después, el balance continuaba aumentando. Se informó el 18 de agosto que el terremoto había causado 280 muertes, más de 4,000 heridos y 143 desaparecidos, mientras las pérdidas preliminares calculadas por el Gobierno colombiano rondaban los 30 billones de pesos colombianos, unos 9,580 millones de dólares.
El 14 de agosto de 2026, un terremoto de magnitud 7.7 se registró frente a la costa norte de East Nusa Tenggara, Indonesia. El USGS determinó que el movimiento estuvo asociado a un mecanismo de falla inversa. También, la madrugada de este domingo 23 de agosto se registró un terremoto de 5,9 grados Richter que sacudió la región de Tokio, Japón, y dejó más de 30 heridos y daños estructurales.
TIEMBLA EN GRANADA
Un fenómeno diferente mantiene bajo atención a Granada, España, donde desde mediados de agosto se registra una secuencia sísmica con numerosos movimientos y réplicas. Para el 19 de agosto alrededor de 600 residentes habían sido evacuados preventivamente, mientras edificios eran inspeccionados después de una sucesión de terremotos.
Este viernes 21 de agosto la actividad continuaba, aunque con una disminución de intensidad: durante la madrugada fueron detectados siete terremotos, de los cuales dos fueron sentidos por la población.
Ninguno de estos acontecimientos implica que esté próximo a producirse un terremoto en Honduras. Precisamente allí cobra importancia el mensaje de Valdés: observar terremotos en diferentes países no permite pronosticar el próximo movimiento hondureño.
EL RIESGO
Para Honduras existe además otra interrogante: ¿qué ocurriría si un terremoto fuerte impactara directamente una zona densamente poblada?
Un análisis histórico del Banco Mundial sobre riesgo sísmico en Centroamérica señalaba que Honduras presentaba una exposición moderada y que la amenaza aumentaba de este a oeste. El documento ubicaba a Tegucigalpa dentro de un nivel de amenaza sísmica “significativo” y advertía que una determinada intensidad de movimiento puede provocar daños considerables en construcciones deficientemente diseñadas o edificaciones de adobe.
Por eso, el problema no puede limitarse a preguntarse cuántos grados tendría un eventual terremoto.

La resistencia de viviendas, edificios, puentes, hospitales y escuelas, así como las características de los terrenos donde se construye, la existencia de asentamientos vulnerables, los deslizamientos provocados por movimientos fuertes y la capacidad de respuesta de las instituciones pueden determinar el número final de víctimas.
FALTA PREPARACIÓN
Para Valdés, Honduras necesita recuperar la prevención como una tarea permanente y no únicamente cuando ocurre un terremoto en otro país o cuando un sismo vuelve a sentirse dentro del territorio.
“Lo que se tiene que hacer es concientizar, que la gente se interese por el tema y que se informe. Eso es importante”, afirmó.
Desde Copeco, explicó, se busca divulgar información que permita comprender por qué ocurren los terremotos y cuál es realmente la amenaza que enfrenta Honduras.
La institución también desarrolla evaluaciones preventivas en determinadas zonas vulnerables tanto a movimientos sísmicos como a deslizamientos.
DENTRO DE LA CASA
El jefe de Sismología consideró que las familias también deben prepararse antes de una emergencia. “Lo más importante es conocer zonas seguras, determinar una zona que esté libre de objetos que se puedan desprender, tener su plan familiar”.
Ese plan debería establecer previamente qué hará cada integrante del hogar cuando comience un terremoto. “El padre va a hacer esto, la madre, los hijos van a hacer este tipo de actividades cuando ocurra; para eso tienen que prepararse con un simulacro”, explicó.
Valdés también recomendó disponer de un kit familiar de emergencia, reconocer previamente los lugares más seguros de la vivienda y buscar información científica sobre los terremotos en lugar de depender de rumores.
REGIONES TECTÓNICAS

El país está situado entre regiones tectónicamente activas; posee antecedentes de terremotos importantes; el movimiento de las placas continúa y la ciencia no dispone de una herramienta capaz de anunciar exactamente cuándo ocurrirá el próximo gran evento.
Los terremotos recientes de Colombia e Indonesia y la secuencia sísmica que mantiene bajo vigilancia a Granada, tampoco anuncian un remezón, sino hacen recordar las consecuencias que puede tener un fenómeno natural cuando encuentra poblaciones e infraestructura vulnerables.
Y allí se encuentra el centro de la advertencia de Copeco: Honduras no puede decidir cuándo volverá a temblar, pero sí puede decidir qué tan preparada estará cuando suceda.
Valdés lo resume en una frase: “Como no se puede predecir, es estar preparado sí o sí, digamos no hay manera. Hay que estar preparados”.
