Macron sube como la espuma en tiempos de guerra


El presidente de Francia, Emmanuel Macron, encara las elecciones del domingo con la garantía de saberse favorito a pesar de haber desarrollado una campaña a medio gas, marcada de principio a fin por una guerra a las puertas de la Unión Europea que le ha obligado a moldear tanto su discurso como sus actos y que, en términos de popularidad, parece haberle consolidado a nivel interno.

Ya desde otoño se daba por descontado que Macron se presentaría a un nuevo mandato, que aspiraría a otros cinco años en el Elíseo. Llegó a la Presidencia en 2017, al frente de un movimiento de nuevo cuño reconvertido en partido político –La República en Marcha– y con un proyecto que arrastró votos a derecha e izquierda del espectro electoral.

Sin embargo, la pandemia de COVID-19, primero, y la escalada de tensiones en Ucrania, después, marcaron el devenir de su agenda pública en estos últimos meses. Así, al pico de contagios de coronavirus con el que arrancó 2022 le siguió el evidente desafío del presidente ruso, Vladimir Putin, sobre una Ucrania que terminaría invadiendo el 24 de febrero.

El Gobierno justificó en las obligaciones presidenciales de Macron el retraso en la oficialización de la candidatura, mientras sus rivales tenían ya las espadas en alto. No fue hasta el 3 de marzo, a punto de cerrarse el plazo, cuando el líder liberal hizo público lo que ya era un secreto a voces y confirmó que quería seguir como presidente de Francia.

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La ofensiva militar rusa sobre Ucrania era ya una realidad y, en lugar de un acto multitudinario, Macron optó por un texto público, una «carta a los franceses» que ya en su día utilizaron otros expresidentes como Nicolas Sarkozy y François Miterrand. «No hemos logrado todo lo que nos propusimos hacer», proclamó en esta misiva.

Macron aspira a tener «una nación más independiente en una Europa más fuerte», como enfatizó él mismo en la comparecencia en la que, a mediados de marzo, puso ya sobre la mesa algunas de las promesas que están llamadas a marcar su hipotético segundo mandato, entre ellas el aumento de la edad de jubilación hasta los 65 años o el endurecimiento de las políticas de asilo.

La guerra en Ucrania también le ha llevado a destacar medidas como el aumento del gasto militar o una senda hacia la independencia energética, con un mayor protagonismo de la energía nuclear y una progresiva implantación de proyectos de energía solar y eólica, en aras también de la prometida neutralidad de carbono prevista para 2050.

SONDEOS AL ALZA

Macron apenas ha hecho mítines al uso antes de la primera vuelta electoral –en París congregó a unas 30.000 personas– y ha optado por conceder entrevistas a varios medios para ir desgranando algunas de sus líneas de actuación, en las que no hay grandes sorpresas en relación a lo que han sido las políticas de estos últimos años.

El Macron presidente, que incluso ha mediado con numerosas llamadas a Putin, se ha impuesto al Macron candidato y los sondeos parecen haberle dado la razón. A mediados de febrero, cuando la presión de Putin sobre Ucrania era ya más que evidente, el actual mandatario galo comenzó a consolidarse en las encuestas y a distanciarse de sus teóricos rivales.

Así, después de comenzar febrero con una intención de voto media del 24 por ciento, a mediados de marzo esta cifra ya era cinco puntos superior, con márgenes que incluso superaban los diez puntos en comparación con sus principales contendientes, según los estudios elaborados por la televisión pública.

La pugna parece estar por el segundo puesto que da derecho a estar presente en la ronda definitiva del 24 de abril, si bien en estos últimos días se habrían consolidado las opciones de Marine Le Pen, líder de Agrupación Nacional, que ya tuvo un cara a cara con Macron en 2017. El izquierdista Jéan-Luc Mélenchon, la conservadora Valérie Pecresse y el ultraderechistra Éric Zemmour figuran también en la terna.(europapress)


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