Centroamérica frente al desafío de la integración a 205 años de la Independencia
** La emancipación política de las provincias de CA tuvo el empuje de causas externas e internas, incluso la estrategia de los criollos, dejando a estas naciones con un pasado común pletórico de gloria
** Países centroamericanos conmemoran este 15 de septiembre con bombos y platillos, pero ante el reto de avanzar en la unidad regional como lo soñaron José Cecilio del Valle y Francisco Morazán
Por: Luis Alonso Grádiz M.
Tegucigalpa.- El grito por siglos dormido que «¡Viva la Independencia!» despertó con energía y entusiasmo, retumbando en las calles, plazas, patios y antesalas del Palacio Nacional de Guatemala, aquella radiante mañana del sábado 15 de septiembre de 1821.
Aquel feliz día, la incertidumbre y el júbilo popular colmaron los corredores del edificio real, mientras las máximas autoridades políticas y eclesiásticas debatían el destino de la región antes de promulgarse la emancipación política del dominio de la Corona de España.
Bajo la presión del fervor del pueblo y oficios de los ayuntamientos de Ciudad Real, Comitán y Tuxtla, comunicando haber proclamado y jurado la independencia, instando a lo mismo a Guatemala, a las 10:00 de la mañana, el sabio hondureño José Cecilio del Valle redactó el Acta de Independencia original.

El histórico documento fue firmado por el brigadier Gabino Gaínza (presidente), Lorenzo de Romaña (secretario de Gobierno), Mariano de Beltranena y Llano, José Mariano Calderón, padre José Matías Delgado, Antonio de Rivera Cabezas y Manuel Antonio de Molina.
Igualmente, suscribieron el acta Isidoro del Valle y Castriciones, Mariano de Aycinena y Piñol, Mariano de Larrave (alcalde primero), José Antonio Larrave, Pedro de Arroyave, José Domingo Diéguez, (secretario), todos ellos próceres de la élite criolla.

CAUSAS DE LA EMANCIPACIÓN
La historiografía ilustra que décadas antes se habían registrado grandes acontecimientos de emancipación en el mundo: la Independencia de Estados Unidos del dominio de la Corona Británica en 1776 y la Revolución que en 1789 destronó a la monarquía en Francia, proclamando los principios inalienables de libertad, igualdad y fraternidad.
Como causas complejas y graduales de la independencia, a estos elementos externos se sumaron detonantes internos: las Reformas Borbónicas con las cuales la Corona española centralizó el poder e incrementó la carga fiscal, afectando directamente la economía de los criollos locales.
De igual modo, la difusión de las ideas de la Ilustración, a través de periódicos como El Editor Constitucional y El Amigo de la Patria, estimularon el debate sobre la autonomía, sumándose al descontento reflejado en las revueltas antifiscales ocurridas entre 1811 y 1814.

Para los líderes criollos de Guatemala, proclamar la independencia fue también una estrategia para mantener sus privilegios tradicionales antes de que las clases populares o movimientos más radicales desataran revueltas y proclamasen su propia emancipación política.
ESTRATEGIA DE CRIOLLOS
Valle y demás próceres dejaron constancia de su accionar en el mismo numeral 1 del Acta: “Que siendo la independencia del gobierno español, la voluntad general del pueblo de Guatemala y sin prejuicio de los que determine sobre ella el Congreso que debe formarse, el señor Jefe Político la mande publicar para prevenir las consecuencias que serían temibles en el caso de que la proclamase de hecho el mismo pueblo”.
Con todo, el documento de 1821 dejó un vacío legal al no constituirse un nuevo país de inmediato, sino un gobierno transitorio que preveía la posibilidad de unirse a otras potencias.
El prócer José Dionisio de Herrera, recibió en Tegucigalpa los pliegos de independencia hasta el 28 de septiembre de 1821, y resultó electo como primer jefe supremo del Estado de Honduras por la Asamblea Constituyente reunida en Cedros, el 29 de agosto de 1824, en un inmueble que se conserva como parte de la historia nacional.

De esta manera, a inicios de 1822, la región sufrió la anexión forzosa al Imperio mexicano de Agustín de Iturbide, hecho que ahondó las divisiones políticas e internas en provincias como Honduras, agudizando las diferencias entre la antigua capital conservadora de Comayagua y la Tegucigalpa republicana.
Al sobrevenir el fracaso del imperio mexicano, los delegados centroamericanos se reunieron en una Asamblea Nacional Constituyente y proclamaron, el 1 de julio de 1823, la Declaración de Independencia Absoluta de España, México o cualquier otra potencia colonial, surgiendo oficialmente el Estado federal.
Con el advenimiento de República Federal (Provincias Unidas del Centro de América), adoptando un sistema democrático y división de poderes, también se decretó la abolición de la esclavitud en 1824.
EVOLUCIÓN DE LA FIESTA CÍVICA
Las conmemoraciones de la efeméride se instauraron formalmente mediante un decreto emitido el 1 de septiembre de 1823.
Al respecto, los historiadores y docentes de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), Julio José Sevilla Galeano y José Manuel Cardona Amaya, realizaron la investigación “Las conmemoraciones de la Independencia en la ciudad capital de la República Federal de Centroamérica: entre fiestas cívicas y actividades religiosas (1823-1830)”.
Ambos académicos reseñaron que en aquellos primeros años de la República Federal, la festividad reflejaba una profunda transición de las prácticas heredadas de la colonia entremezcladas con el nacimiento de los valores republicanos.
Desde el 14 de septiembre iniciaban los festejos con repiques de campanas al mediodía y rigurosas visitas a los hospitales y las cárceles para otorgar indultos y limosnas, emulando la antigua gracia que antes se concedía en nombre del Rey.
El mismo 15 de septiembre comenzaba con una misa solemne de acción de gracias en la Catedral, donde el arzobispo cantaba un Te Deum frente a las más altas autoridades políticas, judiciales y militares, dispuestas estrictamente según su orden jerárquico.
A la salida del templo, el ambiente se transformaba por completo: la Plaza Mayor vibraba con salvas de artillería, refriegas de fusilería y, al caer la noche, las casas municipales abrían sus puertas para banquetes públicos e iluminaciones, donde se invitaba formalmente a artesanos y reclutas del ejército para escenificar la nueva igualdad ciudadana.
GUERRA CIVIL
Tras estallar la guerra civil en 1826, las celebraciones sufrieron drásticas alteraciones discursivas. Para 1827, en plena inestabilidad, el jefe de Estado de Guatemala, Mariano de Aycinena, utilizó la efeméride como un acto de propaganda, liberando a prisioneros de guerra salvadoreños para proyectar una supuesta «superioridad moral» de su causa, según la investigación.

Sevilla Galeano y Cardona Amaya, relatan que la transformación radical ocurrió en 1830, ya que cuando el general Francisco Morazán triunfó en la guerra civil y fue electo democráticamente como presidente de la Federación (1830-1834 y 1835-1839), su entrada pública a la capital Guatemala coincidió de forma calculada con el inicio del Te Deum en la Catedral.
Enardecido, pero jubiloso, el pueblo, que adornó puertas y ventanas con vistosos gallardetes y damascos, vitoreó a Morazán en las calles, no solo como el nuevo gobernante, sino como el «Libertador» de la nación, desplazando el protagonismo divino para convertir al líder militar y sus tropas en el nuevo símbolo de legitimación del Estado federal.
PROCESO DE INTEGRACIÓN
Hoy día, a más de dos siglos de distancia, en este 2026, resulta sorprendente notar que los actuales festejos tienen una estrecha similitud con las de aquella época postcolonial.
La algarabía que hoy desborda por las calles de las capitales de los países centroamericanos, Ciudad de Guatemala, San Salvador, El Salvador; Tegucigalpa, Honduras; San José, Costa Rica; Managua, Nicaragua, no es muy distinta al entusiasmo de los vecinos que en 1830 salían a decorar sus ventanas y abarrotar las plazas públicas.

Al proceso de integración se han sumado Panamá, Belice y República Dominicana, este último en 2013. Con raíces en la Organización de Estados Centroamericanos (Odeca), en 1951, la soñada integración del bloque regional se inició formalmente en 1960 mediante la creación del Mercado Común Centroamericano (MCCA), con la firma del Tratado General de Integración Económica Centroamericana, según la asignatura Derecho de Integración y la Secretaría de Relaciones Exteriores y Cooperación Internacional.
EL SICA
Luego de décadas de estancamiento por conflictos internos y la llamada Guerra Fría durante los años 70 y 80, el proceso fue relanzado en 1991, con la creación del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), mediante el Protocolo de Tegucigalpa, teniendo como anfitrión al entonces presidente Rafael Leonardo Callejas (1990-1994).
Aunque en el plano formal se habla de un libre comercio regional de cerca del 96 por ciento de los productos originarios, sin incluir el café sin tostar y el azúcar, los países del Triángulo Norte de Centroamérica, Guatemala, El Salvador y Honduras, han avanzado a la Unión Aduanera y con Nicaragua constituyen el Convenio CA-4 de Libre Movilidad de Personas, solo con el Documento de Identidad Nacional (DNI), sin ocupar pasaportes.

Con mayor o menor impacto, funcionan organismos regionales como el Parlamento Centroamericano (Parlacen) y la Corte Centroamericana de Justicia (CCJ), como también figuran en el proceso el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), la Secretaría de Integración Económica Centroamericana (Sieca) y el Sistema de Interconexión Eléctrica de América Central (Siepac).
Los países de la región lograron presentarse en bloque para la firma del Acuerdo de Asociación entre Centroamérica y la Unión Europea (AACUE) y el Tratado de Libre Comercio entre República Dominicana, Centroamérica y Estados Unidos (DR-CAFTA), aunque persisten obstáculos geopolíticos y tareas pendientes para allanar la ruta a una plena integración.
A LAS CALLES DE HOY
En estos aires de fiesta cívica, los actuales desfiles patrios, los discursos de las autoridades y la ocupación festiva de los espacios públicos representan la evolución directa de aquellos primeros conciertos municipales y banquetes populares que buscaban consolidar una identidad común.
Hoy, la conmemoración de los 205 años de la firma del Acta alcanza su mayor relieve con el despliegue de los tradicionales desfiles patrios.
Escuelas y colegios a lo largo de todo el istmo centroamericano recorren las avenidas principales, al compás alegre de las bandas de guerra, la elegancia de las palillonas y el colorido baile de las pomponeras, en tributo a la herencia de la patria.

El vibrante estallido de las salvas de cañones y lanzamientos de paracaidistas por unidades de las Fuerzas Armadas (FF. AA.), evocan con mayor logística los honores militares y refriegas de artillería que a partir de 1821 anunciaron a los pueblos de la región la extraordinaria noticia de la independencia.
El nuevo aniversario encuentra a las naciones centroamericanas compartiendo un origen, cultura e interdependencias profundas, pero marcadas por notorias diferencias políticas y ejecutorias gubernamentales distintas.
Frente a este reto, las instituciones regionales, pese a sus aciertos y avatares, se declaran listas para avanzar en el proceso de integración.

La fiesta grande de Centroamérica se convierte en un recordatorio urgente para transformar la historia compartida en una plataforma que pueda permitirle coordinar esfuerzos frente a los desafíos globales de la competitividad, el comercio, el cambio climático y la migración, entre otros puntos clave.
Integracionistas por convicción consideran que solo mediante esta vía será posible responder al desafío del desarrollo y el bienestar de los pueblos con el destino compartido de la plena integración centroamericana: el sueño federalista que Valle delineó con su brillante pluma reformista y que el general Morazán defendió con su espada y su vida en los campos de batalla.

