Tareas perfectas, aprendizaje incompleto: la nueva preocupación por la IA en las aulas


Un estudiante recibe la tarea de escribir un ensayo. Antes tenía que investigar, ordenar sus ideas, enfrentarse a una página en blanco, equivocarse, borrar y volver a escribir. Ahora puede introducir unas instrucciones en una herramienta de inteligencia artificial y, segundos después, tener un texto prácticamente terminado.

La tarea puede estar impecable. La calificación incluso puede mejorar. Pero queda una pregunta mucho más importante: ¿cuánto aprendió realmente?

Esa es una de las preocupaciones que académicos y especialistas pusieron sobre la mesa, al analizar cómo la inteligencia artificial y el uso intensivo de pantallas están cambiando la forma en que niños y jóvenes estudian.

La discusión no giró alrededor de prohibir la tecnología. El problema, señalaron, aparece cuando deja de ser una herramienta para convertirse en un sustituto del esfuerzo de pensar.

CUANDO UNA BUENA NOTA ENGAÑA

La rectora de la Universidad Tecnológica Centroamericana (UNITEC), Rosalpina Rodríguez, lo describió como una “ilusión de aprendizaje”.

“Estamos viendo mejores calificaciones, nos están entregando mejores tareas y el aprendizaje no se está dando”, advirtió.

Rodríguez citó un estudio en el que se comparó a estudiantes que realizaron trabajos sin tecnología, con buscadores de internet y con inteligencia artificial.

Según explicó, quienes utilizaron IA mostraron una actividad cerebral mínima durante el ejercicio y después tuvieron problemas incluso para recordar frases del trabajo que acababan de presentar.

El problema apareció con mayor claridad cuando tuvieron que volver a trabajar sin ayuda tecnológica.

“Se genera una deuda cognitiva, una deuda de aprendizaje que se va acumulando en el tiempo y que nunca se repaga”, señaló Rodríguez.

En otras palabras, el estudiante puede resolver la tarea de hoy, pero dejar pendiente el aprendizaje que necesitará mañana.

EL PROBLEMA TAMBIÉN ESTÁ EN CÓMO SE ENSEÑA

Para Javier Salgado, vicerrector académico nacional de UNITEC, la inteligencia artificial también dejó al descubierto una debilidad de los métodos tradicionales de enseñanza.

Pedir simplemente un ensayo de determinada cantidad de palabras ya no garantiza que el alumno investigó, comprendió y escribió el contenido.

“Lo va a poner en la herramienta, lo va a entregar perfecto, sin errores, pero el estudiante no está aprendiendo”, explicó.

Salgado define ese fenómeno como “descarga cognitiva”: en lugar de desarrollar una capacidad, el estudiante entrega esa responsabilidad a la máquina.

Por eso plantea cambiar también la forma de evaluar. Una presentación oral, una discusión en clase, una simulación o la defensa de un proyecto pueden revelar algo que un documento perfectamente redactado ya no garantiza: si el alumno realmente entiende lo que entregó.

LA IA NO TIENE QUE SER EL ENEMIGO

Los especialistas no plantean sacar la inteligencia artificial de las aulas. La diferencia está en cuándo y para qué se utiliza.

Una herramienta de IA puede servir para profundizar conocimientos, comparar ideas, buscar alternativas o mejorar un trabajo. El riesgo aparece cuando el estudiante la utiliza para evitar precisamente el proceso que debería ayudarlo a aprender.

Rodríguez sostiene que primero deben construirse las bases del conocimiento y después incorporar la tecnología como acompañante.

El desafío para los maestros también cambia: ya no será suficiente revisar el resultado final. Tendrán que comprobar cómo llegó el estudiante a esa respuesta y si puede explicarla, defenderla y aplicarla.

EL CELULAR TAMBIÉN ENTRA EN LA DISCUSIÓN

El problema no se limita a las tareas escolares. La terapeuta clínica especializada en adolescentes Lina Carrasco advirtió sobre los efectos que puede tener la exposición constante a teléfonos y redes sociales desde edades tempranas.

Durante el foro se indicó que nueve de cada diez niños y adolescentes hondureños se conectan a internet mediante un teléfono inteligente y que uno de cada cinco permanece cuatro horas o más al día frente a pantallas y redes sociales.

Carrasco explicó que acostumbrarse a cambiar constantemente de estímulo —como ocurre al desplazarse rápidamente entre videos en redes sociales— puede dificultar procesos que requieren paciencia, concentración y tolerancia a la frustración.

También se señaló durante el programa que el 41 % de los niños hondureños de 10 años ya tiene teléfono celular propio.

EL RETO COMIENZA ANTES DE LA UNIVERSIDAD

Aunque buena parte del debate sobre inteligencia artificial se concentra en universidades y empleos, los panelistas pusieron la mirada más abajo: en la escuela.

Un niño que todavía está desarrollando su capacidad para leer, escribir, razonar y resolver problemas puede tener en sus manos una herramienta capaz de hacer buena parte de ese trabajo por él.

Ahí está una de las mayores preocupaciones. Los especialistas plantearon recuperar en determinadas etapas ejercicios con papel y lápiz, reducir el uso de celulares dentro del aula, capacitar a los maestros y diseñar tareas que obliguen al estudiante a explicar cómo piensa y no únicamente a entregar una respuesta correcta.

La inteligencia artificial probablemente seguirá entrando en las aulas. La discusión, entonces, ya no es si los estudiantes deben utilizarla, sino cómo conseguir que les ayude a pensar mejor sin terminar pensando por ellos.


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