La molesta afección del pie de atleta: cómo prevenirla o aliviarla
El pie de atleta es una infección cutánea frecuente que afecta a cualquier persona, desde trabajadores con calzado cerrado durante largas jornadas hasta niños, deportistas y adultos mayores.
Estudios clínicos del National Institutes of Health (NIH) señalan que entre el 15% y el 25% de la población mundial padecerá esta afección en algún momento de su vida, lo que evidencia su alta prevalencia.
En Estados Unidos, factores como el uso prolongado de zapatos cerrados y la concurrencia a espacios públicos (gimnasios o piscinas) convierten a esta micosis en un problema de salud común y de fácil propagación.
Aunque no suele ser peligrosa, causa molestias constantes, riesgo de infecciones bacterianas secundarias y puede extenderse a otras partes del cuerpo.
¿Qué es?
El pie de atleta —o tiña pedis— es una infección fúngica de la piel causada por dermatofitos, que son hongos microscópicos que prosperan en ambientes cálidos y húmedos.
Según Mayo Clinic, el brote suele iniciar entre los dedos de los pies y es más habitual en personas con sudoración excesiva o que usan calzado ajustado por mucho tiempo.
KidsHealth explica que estos microorganismos viven en el tejido muerto de la piel, el cabello y las uñas, multiplicándose cuando encuentran las condiciones idóneas de humedad.
Los especialistas enfatizan que la infección es muy contagiosa y se transmite por el contacto con superficies contaminadas como duchas públicas, toallas o calzado compartido.
Síntomas
Según Mayo Clinic, las manifestaciones varían en intensidad, pueden presentarse en uno o ambos pies, e incluyen habitualmente:
Piel escamosa, agrietada o descamada principalmente entre los dedos de los pies.
Picazón intensa, la cual suele agudizarse inmediatamente después de quitarse el calzado.
Enrojecimiento, inflamación local o sensación constante de ardor.
Ampollas o protuberancias que generan escozor en las zonas afectadas.
- Piel seca y descamación extendida en las plantas o los laterales del pie.
¿Cómo se trata?
Los especialistas coinciden en que la mayoría de los casos leves responden bien a los medicamentos antifúngicos de venta libre, disponibles en cremas, polvos o aerosoles.
Según el NIH, los tratamientos tópicos basados en alilaminas (como la terbinafina) o azoles (como el clotrimazol y miconazol) tienen una alta eficacia para eliminar el hongo.
En infecciones graves, extensas o persistentes, KidsHealth señala que un médico deberá recetar tratamientos más fuertes, ya sea en cremas de alta concentración o pastillas orales.
Mayo Clinic recomienda consultar a un profesional de la salud si el sarpullido persiste tras dos semanas de tratamiento, o si hay signos de infección bacteriana como fiebre, pus o inflamación severa. Las personas con diabetes deben acudir al médico de inmediato ante cualquier sospecha.
¿Cómo prevenir?
Expertos de Mayo Clinic y KidsHealth aconsejan adoptar hábitos diarios de higiene para evitar el desarrollo del hongo o su contagio:
Mantener los pies limpios y secos, prestando especial atención al espacio entre los dedos después del baño.
Cambiar los calcetines diariamente y optar por tejidos naturales o técnicos que absorban y eviten la humedad.
Alternar el calzado para permitir que los zapatos se aireen y sequen por completo antes de usarlos otra vez.
Usar sandalias o calzado acuático en duchas públicas, piscinas, vestuarios y zonas comunes de gimnasios.
Evitar compartir toallas, calcetines, zapatos o cualquier artículo de higiene personal.
Utilizar polvos antifúngicos de forma preventiva si se tiene tendencia a una sudoración excesiva en los pies.
