¿Cómo puede Honduras enfrentar sequía e inundaciones al mismo tiempo?
Honduras atraviesa una paradoja hídrica: el agua está faltando donde resulta indispensable para producir alimentos, mientras en otras regiones las lluvias elevan los caudales y generan inundaciones.
La distribución desigual de las precipitaciones está dejando consecuencias económicas y sociales distintas según el territorio. Para los agricultores afectados por la sequía, el problema ya se traduce en cultivos perdidos, inversiones sin recuperar y deudas que permanecen aun cuando desaparece la cosecha.
El productor Lempira Rodríguez explicó que algunos agricultores intentaron sembrar nuevamente después de perder sus primeros cultivos, pero volvieron a enfrentar pérdidas.
“Hay personas que volvieron a sembrar y lo volvieron a perder, entonces no se puede, no pueden seguir”, relató.
SEMBRAR DOS VECES Y PERDER DOS VECES
La pérdida agrícola tiene un efecto que continúa después de que desaparece el cultivo. Quienes financiaron la producción con recursos propios pierden capital, mientras aquellos que recurrieron al crédito mantienen la obligación de pagar sin disponer de la cosecha que esperaban comercializar.
“Hay muchas personas que no tienen préstamo. Invirtieron el dinero de ellos en eso y quedaron sin nada. Tienen préstamo y cómo van a pagar si los productos se les fueron abajo”, señaló Rodríguez.
El impacto, por tanto, no termina en una menor producción: puede reducir los ingresos de las familias rurales y limitar los recursos disponibles para financiar un nuevo ciclo agrícola.
CUANDO TAMBIÉN COMIENZA A FALTAR AGUA
La prolongación de las condiciones secas agrega otra preocupación. Productores reportan reducciones en ríos y otras fuentes utilizadas por las comunidades.
Si las precipitaciones continúan siendo insuficientes, la presión dejaría de concentrarse exclusivamente en cuánto puede producir el campo y alcanzaría también la disponibilidad de agua para consumo y otras actividades.
En el Corredor Seco, la FAO desarrolla acciones dirigidas a proteger alimentos, agua y medios de vida de más de 32,500 personas ante los efectos de la sequía, de acuerdo con la información proporcionada.
EN OTRAS REGIONES, EL PROBLEMA ES EL EXCESO
Al mismo tiempo, otras comunidades hondureñas enfrentan el extremo contrario. Las precipitaciones han aumentado el caudal de algunos ríos y provocado inundaciones.
El contraste muestra que hablar de “lluvias en Honduras” como una condición uniforme puede ocultar diferencias importantes: que llueva intensamente en una región no significa necesariamente que las zonas agrícolas afectadas por la sequía estén recibiendo el agua que necesitan.
Para el sector agropecuario, además, el clima se combina con costos de producción, acceso a mercados, financiamiento y condiciones para invertir. El empresario Harry Panting señaló que esos factores también condicionan la capacidad de los productores para sostener sus actividades.
El desafío no es únicamente esperar más lluvia, sino mejorar la capacidad para almacenar y administrar el agua durante los períodos de abundancia y disponer de ella cuando escasea. Mientras eso no ocurra, Honduras continuará enfrentando una contradicción cada vez más visible: agua que sobra en algunos territorios y agua que falta donde familias y cultivos más la necesitan.
