Marzo, método y micrófonos

Por: Carmelo Rizzo
Marzo no es un mes cualquiera. En la Roma antigua era tiempo de guerra, de política y de movimiento.
No había espacio para la parálisis refinada. Había método o había derrota. Hoy no hay legiones marchando. Hay micrófonos abiertos, redes encendidas y una ciudadanía que observa en tiempo real.
Cinco semanas después del cambio de gobierno, el país ya distingue entre discurso y ejecución. Entre anuncio y resultado. Entre método y ensayo.
La ausencia de una comisión de transición gubernamental dejó un abismal vacío. Y los vacíos no se llenan con conferencias. Se llenan con datos.
El primer Consejo de ministros del 24 de febrero solicitó informes pormenorizados.
Eso revela algo evidente: se está diagnosticando sobre la marcha. Y cuando el diagnóstico comienza tarde, el reloj no se detiene por cortesía.El
balón improvisado genera pérdida de tiempo. Y en política, el tiempo perdido no es neutro: lo gana el adversario, lo paga la ciudadanía.
En estas primeras semanas se perciben contrataciones familiares, lealtades de campaña y algunas disonancias ideológicas. Nada escandaloso por sí mismo —todo gobierno arranca con su círculo de confianza— pero el margen para la curva de aprendizaje es estrecho.
La administración puede ser novata. No puede ser inmóvil. Mientras tanto, las redes operan como águilas, cuervos y palomas al mismo tiempo. Vigilan, exageran, aplauden, condenan.
La información circula sin pausa: cruda, editada o fabricada. La presión no viene solo del Congreso ni del mercado. Viene del algoritmo. El problema no es comunicar. El problema es gobernar solo para comunicar.
Marzo exige método. No parches. No prudencia excesiva convertida en congelamiento. La gobernanza defensiva puede contener el conflicto, pero no produce carreteras, hospitales ni empleos. El país no espera consensos infinitos.
Espera ejecución. La historia romana ofrece una lección sobria: cuando el liderazgo se demora, otros ocupan el espacio. No siempre con mala intención. A veces simplemente por vacío.
La prudencia es virtud. La parálisis es defecto. Y el defecto repetido se vuelve costumbre. La historia no se repite por accidente. Se repite por descuido. – AMC
