Zombis y vampiros del poder

Por Carmelo Rizzo
Mucho antes del internet, las redes sociales y la información instantánea, la humanidad se reunía alrededor del fuego, de una mesa o de un libro para entender el mundo a través de relatos. Desde mitos antiguos hasta cuentos e historietas modernas, inventamos criaturas fantásticas que parecían hablar de monstruos… cuando muchas veces hablaban de nosotros mismos. Cambian los personajes de nuestras historias. No siempre cambian los comportamientos que representan.
Quizás por eso algunas criaturas sobreviven generación tras generación. Zombis que caminan sin voluntad propia. Vampiros que viven alejados de la luz. No por los monstruos de la ficción, sino por aquello que simbolizan. En la vida pública también existen riesgos parecidos: ciudadanos que pueden dejar de preguntar y liderazgos que pueden dejar de escuchar.
Pero en esas viejas historias había un detalle incómodo: las criaturas necesitaban alimentarse del mundo humano para sobrevivir. Tal vez esa era la verdadera advertencia. Ninguna sombra crece sola; siempre necesita algo que la mantenga viva. En las sociedades modernas algunas narrativas también sobreviven alimentándose de nuestra atención, nuestros temores, nuestras divisiones y nuestros silencios. El ciudadano deja de ser protagonista cuando acepta convertirse solamente en un número, un aplauso o una reacción.
El zombi político no es quien piensa diferente. Es quien perdió la curiosidad de cuestionar. El vampiro del poder no es quien tiene autoridad. Es quien empieza a vivir rodeado únicamente de reflejos cómodos. Uno deja de preguntar. El otro deja de escuchar. Y ambos terminan alejándose de algo esencial: la realidad. Porque la política necesita adversarios, pero gobernar necesita ciudadanos. Después de una elección algunos esperan que falle el otro equipo para demostrar que tenían razón, olvidando que el marcador termina afectando a todos. Una sociedad madura entiende que ganar una discusión no siempre significa ganar un futuro.
Quizás las mejores sociedades no son aquellas donde todos piensan igual, sino aquellas donde todavía pueden conversar diferente. Porque un país no se pierde solamente cuando alguien toma malas decisiones. También empieza a perderse cuando unos dejan de preguntar y otros dejan de escuchar. Quizás por eso seguimos contando estas historias después de tantos siglos. No para temerle a las criaturas de la noche, sino para recordar que la luz siempre dependió de quienes decidieron permanecer despiertos. — AMC
