Hierro y barro

Por: Carmelo Rizzo
Agosto se fue y septiembre ya empieza a vestirse de azul y blanco. Llegará el Día del Niño, luego los desfiles, las banderas y esas palabras grandes que cada año sacamos del armario: patria, futuro, unidad. Pero antes de decorar la casa quizá convenga revisar las paredes. Al gobierno se le empiezan a notar grietas. Nada parecido todavía a un terremoto político, pero basta un temblor pequeño para hacer visible una fisura que ya estaba allí. Nuestra Pregunta Incómoda es sencilla: ¿son ajustes normales de una administración nueva o señales de que la mezcla nunca terminó de amarrar?
La imagen de hierro y barro es antigua, pero bastante catracha. En nuestras carreteras sabemos que un puente puede verse sólido hasta que llega la lluvia, el cerro empuja o el drenaje falla. El problema no siempre es el aguacero. A veces el agua simplemente encuentra por dónde entrar. En política ocurre algo parecido: cambios internos, decisiones mal explicadas, personajes incómodos alrededor del poder, problemas heredados y fantasmas del pasado pueden parecer asuntos separados. Pero cuando aparecen juntos empiezan a dibujar una grieta mayor: la confianza.
Las redes sociales funcionan también como un enorme sismógrafo. Detectan cualquier movimiento, lo amplifican y, algunas veces, hasta producen réplicas que nunca existieron. “Cuando el río suena, piedras trae”, decían los abuelos; ahora también hay quien sabe hacer mucho ruido golpeando el agua. Por eso viral no significa verdadero, ni repetido significa probado. Pero ignorar ese ruido tampoco sirve. La percepción política, verdadera o exagerada, termina teniendo consecuencias reales. Un gobierno puede discutir durante horas si existe una grieta; mientras tanto, la gente ya la está fotografiando.
Y la economía mira esas fotografías. La inversión necesita confianza, las empresas necesitan reglas claras y el ciudadano necesita saber hacia dónde va el país. Cuando aparecen dudas, algunos proyectos esperan y algunas decisiones se atrasan. Mientras la política discute versiones, la vida cotidiana sigue cobrando entrada: comida, servicios, empleo y un diésel que por momentos empieza a parecer Chanel, cada vez más exclusivo. La economía no entiende de discursos patrióticos; entiende de resultados.
Pero una grieta tampoco significa que la estructura esté condenada. Hace casi dos mil años, los romanos construyeron un concreto extraordinario. Su mezcla podía reaccionar con el agua y ayudar a cerrar pequeñas fisuras antes de que crecieran. No era magia. Era una estructura diseñada para corregirse. Quizá allí haya una vieja lección para un gobierno moderno: menos intolerancia frente a la crítica, menos ruido, más técnica; escuchar antes de responder, explicar mejor y corregir antes de que una fisura se convierta en fractura.
Gobernar no consiste en no equivocarse. El que ejecuta puede errar; también es el único que puede corregir. Lo peligroso es confundir firmeza con terquedad, comunicación con elocuencia o pintura fresca con reparación. Las decisiones que se tomen ahora marcarán la diferencia entre el pasado que queremos dejar atrás y el futuro que decimos querer construir. Mañana comienza septiembre. Sacaremos las banderas y hablaremos nuevamente del país que queremos para nuestros niños. Está bien hacerlo. Pero una patria no se fortalece escondiendo grietas.
Una estructura fuerte no es la que nunca se agrieta. Es la que sabe repararse antes de fracturarse. Hierro y barro. Antes de sacar las banderas, revisemos la mezcla. AMC
