La honestidad solo es una palabra (Video)


Nelson Chinchilla

Por: Nelson Chinchilla

Hace un buen tiempo oí una expresión parafraseada que luego la encontré en la Biblia en su contexto, y va así “preferid ser defraudados a defraudar” (Compare con 1 Corintios 6:7). Suena duro y casi un decir, “pasar la de tonto”, eso sería opinión de muuuchos.

De niño vi esto en mi padre. A él le hicieron pasar de tonto con la compra de unos cables que él creyó eran para electricidad. Tiempo después al revisarlos yo -tendría unos 9 años- descubrí que se trataba de cintas gruesas para embalaje y él se enteró del timo. Esto es deshonestidad, que va más con parecer correcto o cortés pero no serlo. La honestidad tarta con la esencia interior del individuo su apego a la verdad, que ama la verdad, lo justo, o como se decía antes, de ser probo y definitivamente no gustar del engaño.

En Honduras estamos plagados de su opuesto, la deshonestidad. Un ejemplo desde arriba está en el gobierno. Un ex -presidente (ahora peso en espera de juicio) como de otro, (supuesto cristiano) refugiado en Nicaragua cuya conciencia lo acusa de sus delitos que son públicos en su inútil gestión.

Y luego bajando al verdulero, el carnicero, el pulpero, no olvidando a líderes religiosos cuya actitud es una copia a la de Judas Iscariote… de la mamá que le dice al chico “dile que no estoy” o del padre “deja que te dio “vuelto” de más; allá él ¿por qué es tonto?” Y los escenarios en donde se da la falta de honestidad es amplísima. De nuevo… “Preferid ser defraudados a defraudar”.

Si tan solo reflexionáramos seriamente en que nuestra actitud y acciones (como padres, líderes, encargados, jefes, productores, vendedores, gestores de ayuda, gobernantes) son vistas por mentes impresionables en las que queda una huella psíquica de que eso es mejor que “pasarla de tonto” (y esta es la lección que se da). La trascendencia de estos malos ejemplos la tenemos en lo que atrás mencioné y la multiplicación del daño continúa. Y si nos viéramos como en un entablado de teatro, en donde decenas de ojos siguen nuestra conducta, quizá corregiríamos.

Por esto, hay un llamado de atención que debe sacudirnos a los padres, maestros, gerentes, encargados de grupo o capataces, auditores, productores de bienes o servicios… Porque al ser deshonestos, lanzamos un mensaje de desprecio a lo bueno, recto y verdadero para cambiarlo por uno a quienes están debajo de nosotros: alumnos, hijos, empleados, socios, subalternos, clientes, receptores de servicios… que, ser deshonestos o tramposos, es lo que vale, que está bien, y que, al practicarlo, nos irá mejor. Pero a la larga ¿es eso cierto?

Tenemos una tarea pendiente con nosotros mismo para volver a lo básico, a rendirle honra a aquellos que fueron honestos, a nuestros antepasados próximos. ¿Recuerda así a su padre, tíos, maestro/a, jefes? ¿o estos son parte del otro grupo? Preferid ser defraudados a defraudar.

Cuando oí esta expresión, me pareció un hallazgo admirable y me la quedé.

Me ha sucedido que la he “pasado de tonto” en varias ocasiones. Y cuando mi esposa me reclama en protesta de mi aparente tontedad, le he dicho “pero prefiero eso a que alguien en la calle me señale y le diga a otros “ahí va ese $%/ ¡+%7$# que me hizo esto, aquello, lo otro”.

He preferido ser defraudado a defraudar.

Usted… ¿Qué decide?

*** Nelson Chinchilla es un académico hondureño, precursor de la computación en las aulas de primaria, profesor con 30 años de experiencia. Escribe cuentos (aún sin públicar).

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