Ataques mortales de perros: ¿hace falta una ley más estricta en Honduras?


La muerte de un hombre atacado por su propio perro en la colonia Hato de Enmedio plantea una pregunta que va más allá de este caso: ¿necesita Honduras prohibir o controlar con mayor rigor la tenencia de determinados perros?

El debate no comienza ahora. El Distrito Central tiene una ordenanza municipal específica sobre perros considerados peligrosos que establece una prohibición para varias razas.

El documento oficial de la Alcaldía señala expresamente al American Pitbull Terrier, American Staffordshire Terrier, Bull Terrier, Staffordshire Bull Terrier y Dogo Argentino, además de sus cruces. Para otras razas, la normativa contempla disposiciones de registro y control.

La existencia de esa regulación abre otra interrogante: si la tenencia ya fue restringida en Tegucigalpa, ¿por qué continúan estos animales en viviendas de la capital y qué nivel de fiscalización existe actualmente?

HONDURAS TAMBIÉN TIENE UNA LEY NACIONAL

A escala nacional existe la Ley de Protección y Bienestar Animal, Decreto 115-2015, publicada en La Gaceta en 2016. Su principio central es la tenencia responsable y establece obligaciones para los propietarios.

La legislación considera una infracción grave la tenencia de animales peligrosos sin las medidas de protección requeridas. También sanciona permitir que animales bajo custodia deambulen libremente.

Esto significa que Honduras no parte de cero en materia regulatoria. El problema que deja el caso de Hato de Enmedio es determinar si las normas actuales se están aplicando y si son suficientes para prevenir ataques graves.

AL MENOS TRES MUERTES DOCUMENTADAS EN CASOS RECIENTES

No existe en las fuentes públicas consultadas una estadística nacional consolidada y actualizada sobre muertes causadas por perros en Honduras. Por eso sería incorrecto afirmar que existe una cifra total para el país.

Sí pueden documentarse al menos tres muertes recientes vinculadas a ataques reportados de perros pitbull:

Julio de 2024, Tegucigalpa: Óscar Ochoa Rodríguez, de 35 años, murió después de ser atacado por su perro en la colonia La Sosa.

Marzo de 2026, La Ceiba: Doris Aleyda Fuentes Villatoro, de 55 años, falleció después de permanecer hospitalizada por las lesiones provocadas por perros pitbull.

Septiembre de 2026, Tegucigalpa: un hombre murió tras el ataque de su perro en Hato de Enmedio y su hijo resultó herido cuando intentó auxiliarlo.

Además, este mismo septiembre un hombre de 66 años sobrevivió al ataque de tres pitbulls en La Ceiba; el reporte señala que otras dos personas también fueron atacadas.

Hay otro dato que muestra que el problema no se limita a las muertes: un reporte publicado este año señala que el Hospital Escuela había atendido 17 víctimas de ataques de perros en un año, 14 de ellas menores de edad, y que la mayoría de los casos estaban asociados a pitbulls.

¿CUÁLES SON LOS PERROS MÁS PELIGROSOS?

Aquí es necesario hacer una distinción importante.

No existe una clasificación científica simple que permita afirmar que una raza determinada atacará necesariamente a una persona. Factores como socialización, entrenamiento, condiciones de crianza, salud, confinamiento y comportamiento previo también influyen en el riesgo de mordeduras.

El CDC ha señalado que la tendencia de un perro a morder depende de múltiples factores además de la genética y ha planteado que las normas enfocadas en el comportamiento peligroso de cada animal y la responsabilidad de sus propietarios pueden ser más eficaces que una regulación basada exclusivamente en la raza.

Eso no significa que todas las razas tengan la misma capacidad física para producir lesiones graves. Históricamente, registros estadounidenses de muertes por ataques han incluido pitbulls, rottweilers, híbridos de lobo, pastores alemanes, gran danés y otras razas, pero esos datos antiguos no permiten establecer por sí solos que una raza sea inherentemente peligrosa ni trasladar sus proporciones directamente a Honduras.

La propia ordenanza del Distrito Central, sin embargo, sí adoptó un criterio por raza y prohibió cinco grupos específicos.

EL DEBATE: PROHIBIR O CONTROLAR

El caso de Hato de Enmedio deja entonces dos caminos posibles para la discusión pública.

Uno es hacer cumplir la prohibición por raza que ya existe en el Distrito Central y determinar si necesita actualizarse o extenderse nacionalmente.

El otro es fortalecer un sistema basado en el riesgo individual del animal y la responsabilidad de su propietario: registro obligatorio, identificación, condiciones seguras de confinamiento, correa y medidas de protección en espacios públicos, evaluación de animales con antecedentes agresivos y sanciones cuando el propietario incumpla.

Antes de crear otra prohibición, también queda una pregunta pendiente para la Alcaldía del Distrito Central: ¿cuántos perros incluidos en la ordenanza están actualmente registrados, cuántos han sido decomisados y cuántas sanciones se han impuesto por incumplimiento?

Esos datos permitirían establecer si Honduras necesita principalmente una nueva legislación o si el problema está en hacer cumplir las normas que ya existen.


Previous post Lagos descarta un aumento drástico de los créditos por la TPM
Next post Trump dice que la guerra de Ucrania terminará «más rápido» de lo que se cree