¿Qué es la TPM y por qué su aumento al 6 % puede sentirse en el bolsillo de los hondureños?
El Banco Central de Honduras (BCH) movió una de las piezas menos conocidas por la población, pero de mayor importancia para el funcionamiento de la economía: la Tasa de Política Monetaria (TPM).
El Directorio decidió el 18 de septiembre elevarla en 25 puntos básicos, desde 5.75 % hasta 6 %. Dicho de otra manera, el aumento fue de 0.25 puntos porcentuales. El BCH señala que la TPM es su principal señal de política monetaria y funciona como referencia para operaciones de liquidez con las instituciones financieras y para el mercado interbancario.
Pero, ¿qué significa realmente que esté en 6 %? ¿Subirán inmediatamente las cuotas de los préstamos? ¿Ayudará a bajar el precio de los alimentos? ¿Por qué subir las tasas cuando las familias ya enfrentan mayores costos?
La respuesta está en entender qué intenta controlar el Banco Central.

PRIMERO: ¿QUÉ ES LA TPM?
La TPM puede entenderse como la tasa que marca la dirección que el Banco Central quiere darle al costo del dinero en la economía.
No significa que un banco comercial vaya a prestar dinero a una persona al 6 %. Tampoco significa que una tarjeta de crédito, préstamo para vivienda o financiamiento empresarial automáticamente pase a cobrar esa tasa.
La TPM funciona como referencia para las operaciones entre instituciones financieras y para las operaciones de liquidez del propio Banco Central.
A partir de allí comienza lo que los economistas llaman mecanismo de transmisión de la política monetaria.
De manera simplificada:
BCH sube la TPM → cambia el costo de la liquidez → pueden subir las tasas del sistema financiero → el crédito se vuelve relativamente más caro → hogares y empresas moderan préstamos, consumo o inversión → disminuye parte de la presión de la demanda → se busca contener la inflación.
¿POR QUÉ EL BCH DECIDIÓ SUBIRLA AHORA?
El dato que ayuda a explicar la decisión es la inflación.
Según la información divulgada por el BCH, la inflación interanual pasó de 4.2 % en enero a 6.2 % en agosto de 2026, colocándose por encima del rango meta de 4 % ± 1 punto porcentual.
Eso significa que el aumento general de precios está avanzando por encima del margen que el Banco Central pretende mantener.

Pero hay otro dato todavía más revelador.
Mientras la inflación núcleo —que excluye algunos componentes particularmente volátiles— pasó de 3 % a 2.3 %, la correspondiente a alimentos y energía aumentó de 2 % a 10 % entre enero y agosto.
El propio BCH relaciona estas presiones con factores externos y climáticos, incluida la sequía asociada a El Niño.
Aquí aparece una de las claves para comprender tanto la utilidad como los límites de la TPM.
SUBIR LA TPM NO PRODUCE ALIMENTOS NI HACE LLOVER
Si una sequía reduce la producción agrícola y encarece determinados alimentos, aumentar la tasa de interés no hará que llueva ni aumentará directamente la cosecha.
Tampoco una TPM de 6 % puede hacer bajar por sí misma el precio internacional del petróleo.
Son problemas de oferta.
Entonces, ¿por qué subirla?

Porque el Banco Central busca impedir que ese primer aumento de precios se propague al resto de la economía.
Por ejemplo, un combustible más caro puede elevar los costos de transporte; estos pueden trasladarse a mercancías y servicios y, posteriormente, generar nuevos ajustes de precios.
La política monetaria intenta contener esos denominados efectos de segunda vuelta y evitar que la inflación elevada termine incorporándose a las expectativas de empresas y consumidores.
El BCH explica que su política busca incidir sobre la liquidez y las tasas de interés para equilibrar la demanda de bienes y servicios y contener presiones adicionales sobre los precios.
¿CÓMO PODRÍA AFECTAR A UNA PERSONA QUE TIENE UN PRÉSTAMO?
Aquí existe una diferencia importante: la TPM subió 0.25 puntos, pero eso no significa que todos los préstamos subirán automáticamente 0.25 puntos.
Cada banco determina sus tasas según múltiples factores: costo de los recursos, liquidez, riesgo del cliente, competencia, plazo y tipo de préstamo, entre otros.
Lo que hace el BCH es cambiar una referencia fundamental del mercado.

Si el endurecimiento monetario termina trasladándose al sistema bancario, podría producirse gradualmente un incremento de algunas tasas activas.
El economista Julio Raudales ha estimado que los efectos podrían comenzar a observarse en los próximos tres o cuatro meses y que la tasa activa en moneda nacional podría aumentar alrededor de un punto porcentual. Esa es una estimación del economista, no un aumento decretado por el BCH ni una magnitud garantizada para todos los créditos.
Por eso, alguien que ya posee un préstamo debe revisar una cuestión fundamental: si su tasa es fija o variable y cuáles son las condiciones establecidas en su contrato.

¿Y PARA QUIEN QUIERE PEDIR DINERO?
Una política monetaria más restrictiva puede hacer menos atractivo endeudarse.
Una empresa podría reconsiderar una inversión financiada con crédito si el costo del préstamo aumenta. Una familia podría postergar la compra financiada de un automóvil, una vivienda o bienes de consumo.
Precisamente allí está parte del mecanismo buscado.
Menos crecimiento del crédito y del gasto significa menor presión de demanda sobre la economía.
Pero existe una contrapartida: si el endurecimiento es demasiado fuerte o prolongado, también puede moderar inversión, producción y generación de empleo.
El propio marco de política monetaria del BCH reconoce que las decisiones sobre inflación y tasas tienen efectos sobre la actividad económica y el empleo y que esos impactos ocurren con rezagos.

¿QUIÉN PUEDE BENEFICIARSE?
No todos los efectos de una subida de tasas son negativos.
Para los ahorrantes puede representar mejores oportunidades si las instituciones financieras trasladan parte del movimiento a las tasas que pagan por depósitos y otros instrumentos de ahorro.
Santiago Herrera, gerente de Política Económica del Cohep, señaló que el ajuste podría transmitirse gradualmente a las tasas bancarias y que una mayor remuneración también podría incentivar el ahorro.
Hay, por tanto, dos caras: para quien pide prestado, una tasa más alta puede significar financiamiento más costoso; para quien ahorra, puede significar una mayor remuneración, dependiendo de cómo responda cada institución financiera.
¿POR QUÉ NO BAJAR LA TASA PARA QUE HAYA MÁS CRÉDITO?
Porque esa estrategia tendría sentido en un escenario diferente.
Cuando una economía está débil y la inflación es baja, reducir la tasa puede utilizarse para estimular el crédito, el consumo y la inversión.
Cuando existen presiones inflacionarias, ocurre lo contrario.
Una reducción de tasas podría introducir más liquidez y demanda precisamente cuando el Banco Central intenta evitar nuevas presiones sobre los precios.
Por eso una tasa más alta funciona, en términos sencillos, como un freno económico moderado; una tasa más baja funciona como un acelerador.
El desafío consiste en no presionar demasiado ninguno de los dos.
El movimiento actual es pequeño frente al ajuste realizado en 2024.
En agosto de aquel año, el BCH elevó la TPM desde 3 % hasta 4 %. Posteriormente, en octubre, aplicó un incremento de 175 puntos básicos y la llevó hasta 5.75 %. Documentos oficiales señalan que aquellos movimientos buscaban fortalecer la posición externa, moderar presiones inflacionarias y mejorar la transmisión de la política monetaria.
La decisión de septiembre de 2026 lleva ahora la tasa al 6 %, el nivel alrededor del cual el Banco Central intentará influir sobre las condiciones monetarias y financieras.
EL DILEMA DEL BCH: INFLACIÓN ALTA, PERO ECONOMÍA EN CRECIMIENTO
La decisión se produce en un momento particular.
Por un lado, la inflación alcanzó 6.2 %. Por otro, los datos presentados por el BCH muestran que la actividad económica mantiene dinamismo: el IMAE acumulaba un crecimiento de 4.4 % en julio y el crédito bancario al sector privado aumentaba alrededor de 8 % en agosto. Las reservas internacionales netas alcanzaban US$11,515.6 millones, equivalentes a 6.6 meses de importaciones, según la información divulgada por la autoridad monetaria.
Eso explica por qué el BCH describe el movimiento como preventivo y calibrado: pretende contener la inflación sin provocar una desaceleración significativa de la economía.

El aumento de la Tasa de Política Monetaria (TPM) de 5.75 % a 6 % no debe interpretarse como una señal de que los préstamos bancarios subirán inmediatamente, aseguró el presidente del Banco Central de Honduras (BCH), Roberto Lagos, quien defendió la decisión como un ajuste preventivo y gradual frente a las presiones inflacionarias.
La explicación del funcionario introduce un elemento importante en el debate generado por la medida: el BCH está aumentando su principal tasa de referencia mientras sostiene que todavía existe suficiente dinero disponible en el sistema financiero para evitar un ajuste brusco del crédito.
El Directorio del BCH aprobó el 18 de septiembre un incremento de 25 puntos básicos, equivalente a 0.25 puntos porcentuales, con lo que la TPM pasó de 5.75 % a 6 %. La autoridad monetaria argumentó que busca contener las presiones inflacionarias sin afectar significativamente la actividad económica.
L150,000 MILLONES DE LIQUIDEZ
Lagos explicó que actualmente la política monetaria hondureña se encuentra en una posición que calificó como “marginalmente acomodaticia”.
En términos sencillos, significa que todavía existe una cantidad importante de dinero disponible dentro del sistema financiero.
Según sus cifras, la liquidez de largo plazo ronda los L150,000 millones, frente a aproximadamente L130,000 millones al cierre del año anterior. La liquidez de corto plazo se aproxima a L10,000 millones.
Para el presidente del BCH, esa disponibilidad de recursos explica por qué no necesariamente debe producirse un incremento inmediato de las tasas bancarias.
La intención del Banco Central es desplazarse gradualmente desde esa situación hacia una posición neutral, es decir, una política que no esté estimulando excesivamente la economía, pero tampoco retirando liquidez de manera abrupta.
