El 2030 ya comenzó


El último silbatazo no marca el final; marca el inicio del siguiente desafío.

Por: Carmelo Rizzo

Por fin terminó el Mundial. España levantó la copa, pero el verdadero campeón volvió a ser el hermoso fútbol. Durante un mes, el planeta compartió una misma conversación desde estadios, televisores, plataformas digitales, teléfonos y redes sociales. Se estima que una de cada cinco personas en el mundo siguió la final en vivo, una cifra difícil de igualar por cualquier otro acontecimiento contemporáneo. En una época donde la atención parece dividirse entre millones de pantallas y contenidos, el Mundial demostró que todavía existen eventos capaces de detener al planeta, aunque sea por unas horas. Terminó el último partido, se apagaron las luces del estadio y muchos piensan que la historia había concluido.

Pero no fue así. Mientras millones apagaban el televisor, otros comenzaron a trabajar en el siguiente Mundial. El 2030 no empezará dentro de cuatro años; empezó al día siguiente de la final. Desde ahora se revisarán estadios, aeropuertos, carreteras, hoteles, sistemas de transporte, seguridad, comunicaciones y presupuestos. Nada de esa magnitud se improvisa. Los grandes proyectos requieren años de planificación, coordinación y disciplina antes de que el público vea el resultado. El espectáculo comienza el día del partido, pero el verdadero trabajo comenzó mucho antes, cuando casi nadie estaba mirando.

Quizá esa sea también una lección para Honduras. Aunque todavía parezca lejano, nuestro propio 2030 ya comenzó. Las próximas elecciones no empezarán cuando aparezcan las caravanas, los anuncios o los debates televisados. Comenzaron con las decisiones que se toman hoy, con las reformas que se impulsan o se postergan, con la calidad de nuestras instituciones, con las oportunidades que encuentran —o no encuentran— los jóvenes y con la capacidad de construir acuerdos pensando más allá del siguiente titular. Como en el deporte, los resultados rara vez son producto de la improvisación; casi siempre reflejan el trabajo acumulado durante años.

Existe, sin embargo, una diferencia importante. El fútbol entiende el valor del tiempo. Ninguna selección pretende preparar un Mundial durante el mes previo al torneo. Los campeones forman generaciones, corrigen errores, renuevan procesos y aprenden de las derrotas. Nosotros, en cambio, gozamos vivir pendientes del corto plazo. Esperamos la campaña para discutir el futuro, reaccionamos cuando aparecen las crisis y confiamos demasiado en que un cambio de gobierno resolverá, por sí solo, problemas que llevan décadas construyéndose. Queremos resultados extraordinarios sin aceptar que el desarrollo también exige paciencia, continuidad y constancia.

Tal vez esa sea la reflexión que deja este Mundial. El futuro nunca comienza cuando aparece una fecha en el calendario; comienza cuando alguien decide prepararlo. Mientras el mundo ya piensa en la Copa de 2030, Honduras debería pensar con la misma seriedad en el país que quiere encontrar cuando llegue ese año. Porque dentro de cuatro años no solo volveremos a disfrutar otro Mundial. También volveremos a evaluar nuestras propias decisiones. Las elecciones, como los mundiales, rara vez se ganan el día del partido; casi siempre se construyen durante los años anteriores. El Mundial terminó. El 2030 ya comenzó. – AMC


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