LA PARADOJA DEL PÉNDULO


Lo que el viento no se llevó
OPINION Por Carmelo Rizzo Peralta

Hace dieciséis años Honduras presentó una Visión de País y un Plan de Nación que pretendían mirar más allá del gobierno de turno. Formé parte de aquel gobierno y recuerdo la idea esencial: ordenar prioridades, fijar metas y darle continuidad al desarrollo. Después vinieron otras administraciones, huracanes, crisis, una pandemia y nuevas recetas económicas. Mucho se lo llevó el viento. Lo curioso es todo lo que no se llevó: seguimos hablando de productividad, energía, seguridad alimentaria, infraestructura y competitividad casi con las mismas palabras.

Esta semana, después de pasar horas escuchando una conferencia de ANDI sobre macroeconomía y economía circular, me quedó dando vueltas una imagen. Honduras no parece una economía que avance de manera continua. Se parece más a un péndulo. A ese movimiento lo llamaría oscilación ineficiente: respiramos cuando mejoran los precios internacionales, crecen las exportaciones, aumenta la maquila o las remesas alcanzan nuevos máximos; volvemos a apretarnos cuando suben el petróleo, los fertilizantes, el transporte o aparece una sequía.

El problema del péndulo no es que se mueva. Es que después de tanto movimiento termina regresando al mismo lugar. Y quizá por eso otra imagen ayuda a entenderlo: un balde perforado. Entran dólares por remesas, exportaciones e inversión, pero una parte importante vuelve a salir rápidamente pagando combustibles, alimentos procesados, insumos, tecnología y bienes terminados. Importar no es un pecado económico. Ningún país moderno puede vivir aislado. La verdadera pregunta es cuánto de lo que compramos afuera podríamos producir, transformar o sustituir competitivamente aquí.

Por eso la economía circular me interesa menos como consigna ambiental que como ingeniería de costos. Recuperar energía en una planta de frío, reutilizar agua, convertir residuos agroindustriales en biogás o fertilizantes, aprovechar lactosuero, biomasa o subproductos del café no son extravagancias de países ricos. Son formas concretas de reducir costos, conservar divisas y conseguir que un lempira productivo dé algunas vueltas dentro de Honduras antes de marcharse.

Quizá tampoco necesitamos otro gran documento nacional lleno de buenas intenciones. Necesitamos continuidad y pocas metas que puedan medirse. Un Plan Quinquenal de Resiliencia 2026–2031 podría concentrarse en aumentar la transformación agroindustrial, reducir dependencias críticas de energía e insumos, facilitar la reconversión de MIPYMES, promover cadenas productivas regionales y medir cuánto valor adicional logramos retener dentro de nuestra economía. Con responsables, indicadores públicos y revisión anual. Porque un plan que nadie mide termina convertido en literatura oficial.

La paradoja es que ya intentamos pensar a largo plazo. Aquella Visión de País buscaba precisamente trascender administraciones. Tal vez nuestra falla no haya sido imaginar demasiado, sino sostener demasiado poco. Tenemos una curiosa afición por estrenar mapas aunque el territorio siga siendo el mismo. Cambia el nombre del programa, cambia el logo, cambia el discurso; el péndulo continúa allí, disciplinado, haciendo el mismo recorrido. El viento se llevó gobiernos, discursos y calendarios. No se llevó nuestros problemas. Tal vez porque seguimos intentando cambiar el viento cuando lo que deberíamos cambiar es el péndulo. La pregunta no es si Honduras puede dejar de importar. No puede ni debe. La pregunta incómoda es otra: ¿en 2031 seguiremos importando la misma vulnerabilidad?


Previous post Honduras inicia revisión del FMI con la mira puesta en $120 millones
Next post Casi 12 mil productores reciben apoyo para fortalecer cosecha de frijol en El Paraíso